La Voz de Croacia

09:53 / 03.04.2026.

Autor: Verónica Vlaho

Viernes Santo: día de la muerte de Cristo

El sepulcro de Jesús, Vodice HR
El sepulcro de Jesús, Vodice HR
Foto: Hrvoje Jelavic / PIXSELL

El Viernes Santo se conmemora el día de la muerte de Jesús. En las iglesias se da lectura a la Pasión de Cristo durante la liturgia de la Adoración de la Cruz. Los croatas dentro y fuera del país, guardan costumbres especiales para este día.




Ya antes del Jueves Santo comenzaban los preparativos para la colocación y el arreglo del sepulcro de Cristo. La organización estaba a cargo de las cofradías eclesiásticas con la ayuda desinteresada de mujeres y religiosas. Se prestaba especial atención a la decoración con flores, generalmente de colores amarillos, como los alelíes, iris, calas, lirios, narcisos, tulipanes, jacintos o lirios del valle.

Narcisos

Narcisos

Foto: Vera Grgac / gentileza

En la Asociación de croatas de Vojvodina y del Danubio en Zagreb registramos los testimonios de valiosos guardianes del patrimonio: entre los bunjevci, el sepulcro de Cristo se prepara con amor y cuidado; debe ser sencillo y armonioso. En la iglesia de la Parroquia de Jesús Obrero en Subotica, las flores eran llevadas por quienes las habían hecho florecer. Ruža Bolkovac, nacida en Subotica, relata que su madre Magdalena tenía entre 80 y 100 bulbos de tulipanes blancos destinados a la decoración del sepulcro, que se preparaba con cariño con antelación y se visitaba el Sábado Santo, y siempre había personas que rezaban en la iglesia. Así era en tiempos del fallecido párroco Jožef Rehak, cuya ayudante en la casa parroquial siempre preguntaba si los tulipanes florecerían, ya que eso podía ser incierto si la Pascua llegaba temprano y aún estaban en capullo. En la catedral, el sepulcro de Dios era custodiado por jóvenes vestidos con el traje formal de los bunjevci: camisa blanca, čakšire —pantalones similares a los de montar—, botas de cuero negras y abrigo, y una cinta con la bandera papal a la altura de la parte superior del brazo.

Guardianes del sepulcro

Guardianes del sepulcro

Foto: Iglesia de San José Obrero / internet

En las regiones kajkavas, el sepulcro de Jesús era custodiado por “cruzados y scouts”, es decir, los cruzados como organización eclesiástica y los scouts como los actuales exploradores, vestidos con uniformes que recordaban a los antiguos soldados que custodiaban la tumba. Las madres, con rostros serios, advertían a los niños sobre ellos y les hablaban de los temibles soldados romanos; y si los niños se movían, giraban o no permanecían quietos, “recibían un tirón de orejas”, escribe la cronista de Krapina, Ana Topfer.


El Viernes Santo se canta la Pasión, se visita el sepulcro de Cristo y la familia deja allí una ofrenda. Durante la misa se realiza la adoración de la Cruz; después, los fieles se dirigen hacia el altar donde se encuentra el crucifijo y se besa. Esta costumbre se incorporó a la liturgia en el siglo VII, proviene de Jerusalén y en este acto de los fieles se canta la antífona “He aquí el madero de la Cruz”.


Además, es día de ayuno estricto; se come solo una vez. Ese día algunos fieles se abstienen de toda comida, y cabe destacar que algunos, en su devoción y penitencia, renuncian a la carne durante toda la Cuaresma. Las abuelas cuidaban que antes de ese tiempo se fregaran todos los recipientes en los que se cocinaba y horneaba, para que no quedara en ellos ni rastro de grasa. Durante ese período de cuarenta días solo se permitía el aceite de oliva y de calabaza, con el que se aliñaban las verduras, las patatas cocidas, las alubias o la polenta.


Para Croacia es característico el antiguo sistema de creencias populares y las prácticas relacionadas con la pasión y el sufrimiento de Jesús, más precisamente con su sangre que fue derramada ese día. Así, en las regiones del sur está especialmente extendida la creencia de que el Viernes Santo se debe beber más vino tinto. En Poljica decían: en Viernes Santo, tanta sangre como vino se beba, tanta sangre circulará por las venas. La creencia de que en Viernes Santo se debe beber vino tinto, que recuerda la sangre de Jesús derramada ese día, está extendida en Dalmacia, así como en Lika, Herzegovina, Srijem y Bačka. Los etnólogos del Instituto de Etnología y Folclore de Zagreb encontraron un dato de la isla de Brač: “Se creía que se obtendría tanta sangre como vino tinto se bebiera ese día, por lo que los informantes dicen que se prepara bacalao y col para poder beber más. Ese día incluso se podía exagerar, ya que en un hogar en Viernes Santo se podían llegar a beber entre 5 y 10 litros de vino tinto, y para tener mejor sangre se creía que debía beberse puro, sin agua.”

Vino tinto para el Viernes Santo

Vino tinto para el Viernes Santo

Foto: Vera Grgac / gentileza

En Kastavština se creía que en Viernes Santo era conveniente injertar los árboles frutales, porque así como la sangre de Jesús fluyó de sus cinco heridas, del árbol injertado brotaría agua hacia el brote.


Además de las devociones populares, en Viernes Santo se empezaban a hornear hogazas y los huevos se decoraban, se pintaban o se dibujaban, práctica que continúa hasta hoy en los hogares que mantienen la larga tradición croata, ya que los científicos han descubierto que los huevos ya se coloreaban en la época precristiana, encontrándose en tumbas romanas, germánicas antiguas e incluso croatas antiguas. Uno de esos hallazgos cerca de Split indica que los croatas ya decoraban huevos en tiempos de Branimir, es decir, en el siglo X. Los etnólogos han encontrado numerosas coincidencias en los colores y motivos, y señalan que los huevos decorados croatas son muy similares a los polacos.


Pisanice

Pisanice

Foto: Mirjana Žugec Pavičić / GH

Al igual que el Viernes Santo, también el Sábado Santo se decoran los huevos, y aquellos que no tienen decoración pueden terminar en la olla junto con el jamón. Tendrán una yema verdosa, pero debido a la larga cocción absorberán todos los jugos que se generen durante varias horas de cocción. Estos consejos debían compartirse con las jóvenes nueras, quienes tenían que estar familiarizadas con todo lo que llevarían en la cesta para la bendición.



Texto: Mirjana Žugec Pavičić; traducción: Verónica Vlaho

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