La Voz de Croacia

19:01 / 29.09.2026.

Autor: Adriana Grbeša

«Esta es la vida de mis sueños»: dos mujeres, dos caminos increíbles y una misma Croacia

Adriana y Rebecca
Adriana y Rebecca
Foto: "Hrvatska, moj izbor"/ / La Voz de Croacia

Una creció en Argentina entre las historias, las lágrimas y la nostalgia de sus antepasados por Croacia; la otra pasó 12 años viajando por el mundo y llegó a Dubrovnik casi por casualidad. Adriana Maria Camino Varela y Rebecca siguieron caminos vitales completamente diferentes, pero ambas encontraron en Croacia lo mismo: un lugar al que sienten que pertenecen. Sus historias forman parte de la serie «Croacia, mi elección».

Una llevaba a Croacia en su corazón; la otra ni siquiera la buscaba


Adriana Maria Camino Varela nació en Buenos Aires y pasó gran parte de su infancia con sus abuelos. Fueron precisamente sus relatos sobre Croacia, sus recuerdos y su nostalgia por regresar los que despertaron en ella, desde muy pequeña, un vínculo especial con un país que, por aquel entonces, en realidad no conocía.


—En nuestras conversaciones siempre estaba presente la pregunta: cuándo vamos, cuándo volvemos, cuándo vas, cuándo regresas. Eso quedó grabado en mi memoria —recuerda Adriana.


Todo lo que hacía en Argentina lo relacionaba, de alguna manera, con su futura vida en Croacia. Quería vivir y trabajar aquí como médica e incluso imaginaba que se casaría con un croata.


A los 21 años viajó a Croacia y recorrió numerosas ciudades, convencida de que quizá encontraría allí a su futuro marido. No lo encontró. El amor la esperaba en el lugar del que había partido: Argentina.


Conoció a Diego en la Facultad de Medicina. Al principio eran amigos, y fue precisamente a través de ella como él comenzó a conocer Croacia.


—Me decía: «Te seguiría hasta China, si hiciera falta». Me enamoré de él. Era exactamente lo que estaba buscando —cuenta Adriana.


Años después, Diego realmente la seguiría, aunque no hasta China, sino hasta Croacia.


Por su parte, Rebecca ni siquiera había planeado ir a Croacia.


Durante años trabajó como azafata y viajó por todo el mundo. Entonces, en 2020, la pandemia paralizó tanto los vuelos como su trabajo en la organización de eventos en Londres. Decidió abandonar el Reino Unido, se formó para trabajar en yates y puso rumbo a Francia.


Después de seis meses a bordo de un yate, acabó en Italia, donde una pareja le habló de Croacia. Como las fronteras todavía estaban abiertas, tomó un ferry desde Bari hasta Dubrovnik.


Su plan era quedarse una semana. Se quedó durante años.


Dubrovnik hizo realidad el sueño de una y conquistó a la otra a primera vista


Adriana encontró una oportunidad de trabajo precisamente en Dubrovnik. A mediados de la década de 1990 se trasladó a Croacia con su marido Diego, cirujano de profesión, y sus hijos.


El comienzo no fue fácil. Tuvo que aprender el idioma, adaptarse a un nuevo entorno y reconstruir su vida profesional prácticamente desde cero.


Sin embargo, asegura que la gente le tendió la mano.


—Llevo aquí 30 años, casi más tiempo del que viví en Argentina.


Rebecca vivió Dubrovnik de otra manera, casi como un amor a primera vista. Después de 12 años viajando por el mundo, pensaba que ya era difícil sorprenderla. Hasta que paseó por el Stradun.


—He viajado toda mi vida y he visitado numerosos países de todo el mundo. Sin embargo, por alguna razón, en Croacia me sentí como en casa. Y todavía hoy me siento así —afirma Rebecca.


Su familia y sus amigos en Londres no podían entender su decisión de no regresar. Ella, sin embargo, no tenía ninguna duda.


Ya el cuarto día en Dubrovnik, mientras estaba sentada frente a su ordenador portátil en el Café de la Ciudad, intentando decidir qué hacer a continuación, les dijo a unos nuevos conocidos:


—¡Me mudo aquí, voy a vivir aquí!


La nueva vida no siempre fue fácil


Detrás del sueño cumplido de Adriana también hubo años de sacrificios.


Durante su especialización, pasó cuatro años viajando entre Zagreb y Dubrovnik. Sus hijos eran pequeños, su marido trabajaba y se ocupaba de la familia, mientras ella intentaba no mostrarles lo difícil que le resultaba aquella situación.


—Los sábados por la mañana llegaba a las cinco y después pasaba dos días con mis hijos —recuerda.


Considera que la espiritualidad fue especialmente importante durante aquellos años, ya que la ayudó a superar experiencias difíciles, aceptar su nuevo entorno y seguir adelante con el objetivo que la había llevado a convertirse en médica.


Cuando regresó a Dubrovnik, le sorprendió descubrir hasta qué punto Diego se había integrado en la ciudad y había estrechado vínculos con sus habitantes.


—Me enamoré aún más de mi marido. Hizo un gran sacrificio al venir a Croacia y, cuando terminé la especialización, él ya formaba parte de la comunidad. Ya no era un extranjero.


Diego tampoco oculta cuánto lo ha conquistado Dubrovnik. Para él, el mar cristalino, el sol y la ciudad representan algo que, según afirma, no ha encontrado en ningún otro lugar.


—He estado en todas partes, pero, sinceramente, donde mejor estoy es en Dubrovnik. Antes, ahora y hasta el día de hoy.


De nuevas residentes a embajadoras de Dubrovnik


Rebecca comenzó muy pronto a construir una vida completamente nueva en Dubrovnik.


Al observar la oferta turística, se dio cuenta de que quería mostrar a los visitantes algo más que los recorridos habituales: lugares locales, personas, historia y experiencias que hacen de Dubrovnik una ciudad especial.


Sus publicaciones desde Croacia empezaron a ser seguidas por antiguos compañeros de la compañía aérea, que cada vez le pedían más consejos: adónde ir, qué ver y cómo descubrir el auténtico Dubrovnik.


Así convirtió su idea en un negocio turístico. La ciudad a la que llegó siendo una completa desconocida es hoy el lugar que presenta a otras personas, guiándolas a través de su historia, su arte y sus relatos ocultos.


—Dubrovnik la conquistó a ella, y ahora ella es una embajadora de Dubrovnik —afirma Adriana al describir la relación de Rebecca con la ciudad.


Rebecca reconoce que, incluso después de seis años, a veces tiene que pellizcarse para darse cuenta de dónde vive.


—En el casco antiguo me siento como una princesa. Estoy rodeada de murallas, del mar... ¡Es tan hermoso que te deja sin palabras!


«Le dije a mi abuela que volvería»


Para Adriana, el regreso a Croacia tiene, sin embargo, una dimensión aún más profunda. Fue el cumplimiento de una promesa que le había hecho a su abuela hacía mucho tiempo: que algún día regresaría al país del que había oído hablar durante su infancia y viviría allí.


Llegó a Croacia con dos hijos y aquí dio a luz a otros tres. Hoy tiene cinco hijos adultos, repartidos entre Dubrovnik, Zagreb y Nueva York.


—Le dije a mi abuela que volvería y que viviría en mi querida tierra, en mi patria. Y aquí estoy. Dios es grande: eligió a la persona adecuada para mí para que pudiera hacer realidad ese sueño —afirma Adriana.


Rebecca no creció escuchando historias sobre Croacia ni prometió a nadie que regresaría algún día. Simplemente, Croacia la encontró a ella.


Por eso, dos historias tan diferentes terminan teniendo prácticamente el mismo desenlace.


Hoy, Adriana cuida de sus pacientes en el país del que le hablaban sus abuelos, mientras que Rebecca muestra a los visitantes la ciudad a la que llegó una vez para pasar unas breves vacaciones.


—Si realmente quieres formar parte de una comunidad y construir una nueva vida, siempre hay una manera de conseguirlo. Croacia me brindó esa oportunidad —afirma Rebecca.


Por eso, hoy quiere transmitir a los demás aquello que ella misma ha encontrado.


—Este país me ha permitido quedarme y construir aquí mi vida. Quiero compartir con los demás mi amor por Croacia. Para mí, esta es la vida de mis sueños.

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