Aeropuerto de Zagreb / Zračna luka Zagreb
Foto: Familia Rojas / Obitelj Rojas / /
Dalma Rojas, boliviana descendiente de croata, después de varios años ha vuelto a visitar Croacia, la tierra natal de su bisabuelo. En esta ocasión llegó como representante de la juventud croata de Bolivia, Ecuador y Perú ante el Consejo de Jóvenes Croatas fuera de la República de Croacia.
- Croacia ocupa un lugar muy especial para sus descendientes: es un gran mito. En mi caso, es la memoria viva que acompaña mi familia. En julio de este año tuve la oportunidad de visitarla, específicamente la ciudad de Zagreb. Esta visita fue posible gracias a mi participación en la sesión constitutiva del Consejo de Jóvenes Croatas fuera de la República de Croacia. Lo que viví fue mucho más que un evento institucional; fue un reencuentro con mis raíces y la confirmación de que la identidad croata está viva en muchos rincones del mundo.
Pero con gran gusto y como parte de mi misión, organicé mis días para compartir con otros descendientes fuera del evento. Estuve con amigos que participan en el Croaticum, que decidieron instalarse y trabajar en la capital. En su amabilidad, me hospedaron y convivir con ellos me permitió ver de primera mano qué significa el retorno: una decisión meditada que combina oportunidades laborales, calidad de vida y el deseo de reconectar con la patria de nuestros antepasados.
Ese vínculo con Croacia también lo cultivo en La Paz. En la comunidad croata participo bailando las danzas tradicionales croatas, ya sea en eventos organizados por la propia comunidad, como en otros abiertos al público en general. Actualmente nos reunimos con las personas interesadas para organizar un grupo estable de baile en La Paz. También participo elaborando platos croatas para diversos eventos o cuando nos juntamos a aprender recetas. Los más pedidos en los eventos de nuestra comunidad son la mađarica, los fritule y el soparnik. Además, asisto a clases de idioma croata y participo en otras actividades, como la celebración de los días patrios, en las actividades de Navidad o durante la transmisión de los partidos de la selección nacional de fútbol de Croacia - afirma la boliviana de origen croata.
Zagreb - Dalma y Lucía Salinas / Dalma i Lucía Salinas
Foto: Familia Rojas / Obitelj Rojas / /
La familia croata de Dalma es oriunda de la isla de Vis.
- El año 2020 visité a mi familia croata. Me hospedaron en una casa preciosa y llenaron mi corazón de cariño y mi estómago de comida deliciosa. Esto me permitió contrastar los dos ritmos del norte y el sur, y aunque Zagreb tenga un carácter urbano y formal, es calmo y amable también.
Me gustó aprender de un ritmo distinto - polako: despacio, sin ninguna prisa, saboreando el momento al máximo. Lo curioso es que ese mismo ritmo lo reconocí en Bolivia. En el sur del país, la vida también es más relajada, y la gente dedica sus días al cultivo de viñedos. Y esto no es casualidad: fueron los croatas quienes llevaron la uva al sur de Bolivia.
No se trató de un intento deliberado de introducir la vid en la región, sino porque, tras la crisis provocada por la filoxera, que a finales del siglo XIX destruyó más del 60 % de los viñedos en Dalmacia, muchos agricultores, principalmente de la isla de Brač, emigraron a Bolivia, llevando consigo sus conocimientos del cultivo de la vid. En valles como los de Tarija y Samaipata, esa tradición echó raíces. Hoy en día, cerca del 80 % de la uva de Bolivia se produce en Tarija - destaca Dalma Rojas.
Dalma tuvo un significativo encuentro con croatas que brindan apoyo a la comunidad hispana en lo relativo a trámites de residencia y procesos de integración.
- Me sorprendió que la mayoría de ellos habla un inglés perfecto y que muchos también dominan el español. Además, me contaron que la mayoría de los estudiantes del programa croaticum son sudamericanos y que han entablado grandes amistades con ellos. Compartir con estos casos exitosos de migración de retorno me permitió conocer las motivaciones reales: arraigo cultural, oportunidades profesionales y la calidez de un pueblo fraterno.
Recorriendo completamente la ciudad de Zagreb, decidí salir a sus alrededores, visité Samobor y Karlovac. Samobor, con su aire de ciudad de cuento y su famosa kremšnita, me cautivó por su ambiente tranquilo. Karlovac, en cambio, me impresionó por su trazado en forma de estrella y su imponente fortaleza, erigida para proteger la frontera del Imperio. Recorrer sus murallas fue como realizar un viaje en el tiempo: una oportunidad para experimentar el espíritu de una región que, con una determinación inquebrantable, logró defender su identidad.
También visité el lago Jarun en Zagreb, caminé por la orilla y vi a los locales disfrutando del deporte y la naturaleza. Y, por supuesto, cada pausa era una excusa perfecta para sentarme con amigos a compartir un café y hablar de la vida.
Regresar a Croacia, aunque solo sea por unos días, es como volver a un lugar que siempre nos acompañó, para quienes nacimos muy lejos pero crecimos escuchando su nombre - concluye Dalma Rojas.
Dalma con su familia / Dalma sa svojom obitelji
Foto: Familia Rojas / Obitelj Rojas / /
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