La Voz de Croacia

17:18 / 31.10.2026.

Autor: Tajana Prpić/I.Z./TV Kalendar/Glas Hrvatske

Murió con tan solo 26 años, y su historia sigue conmoviendo corazones hasta el día de hoy

Danica Širola
Danica Širola
Foto: TV Kalendar / Glas Hrvatske

Se dice que los santos son enterrados dos veces: una bajo tierra y otra en los archivos. Durante décadas, una historia como esta esperó su momento: la historia de Danica Širola. Año tras año, su recuerdo permaneció vivo en las velas que ardían sobre su tumba. 

La pequeña Teresa de Croacia


Conocida también como «la pequeña Teresa de Croacia», esta maestra y poetisa croata murió con fama de santa a los 26 años, el 2 de septiembre de 1926, en Zagreb. Su autobiografía, sus diarios, su correspondencia y sus poemas dan testimonio de su maduración espiritual a través de sufrimientos interiores y exteriores. 


Aprendió espontáneamente, desde niña, a poner a Jesús en cada circunstancia de su vida. Después de la escuela, cuando sufría injusticias y castigos físicos por parte de su maestra, solía permanecer largo rato en oración en la iglesia. En aquellas lágrimas derramadas ante el tabernáculo, no encontraba en Dios solamente consuelo, sino también amor. 


En cuarto grado, durante la festividad de la Candelaria, experimentó intensamente la llamada a la vida religiosa. Sus compañeros a menudo consideraban extraña a aquella muchacha, para quien estar en la presencia de Dios era algo tan natural, aunque también la querían.


Fue durante aquella época cuando Danica comenzó a escribir poemas. 


A los 19 años se consagra a Dios


Con el estallido de la Primera Guerra Mundial comenzaron también sus problemas de salud. Primero, un catarro pulmonar; después, la gripe española y, más tarde, una grave inflamación de los nervios. 


A pesar de estas dificultades, terminó sus estudios y comenzó su camino como maestra. La llamada a la vida consagrada se hacía cada vez más fuerte en ella y, al cumplir 19 años, hizo voto de castidad a Dios. 


Temiendo que su hija ingresara en un convento, su padre le pidió que continuara su formación pedagógica. Cuando por fin estaba a punto de ingresar en el convento de las ursulinas de Varaždin, se encontró con un obstáculo decisivo e insuperable. El médico determinó que padecía tuberculosis. 


Pasó los años que le quedaban rezando y escribiendo. «Jesús mío, Dios mío, ¡gracias por todo! ¿Es extraño que apenas pueda mantenerme en pie? Y, sin embargo, ¡todavía puedo hacer tantas cosas!». Estas fueron las últimas palabras que escribió mientras cuidaba de su padre enfermo. 


Al recordar a las grandes figuras espirituales, el sacerdote jesuita Josip Antolović escribió sobre ella: «También Danica pertenece al Zagreb de los santos: al Zagreb del obispo Kažotić, del obispo Lang, de Ivan Merz, de Marica Stanković, del padre Ante Antić, del cardenal Stepinac y de tantos otros héroes y heroínas del espíritu». El testimonio de sus vidas es para nosotros un gran motivo de aliento.


Fuente: HRT

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