Voluntariado en Gospić / Volontiranje u Gospiću
Foto: Valeria Salgado / /
Valeria Salgado Sankovich, colombiana de ascendencia croata, pasó dos semanas descubriendo Croacia a través del programa Eco Heritage Task Force, una iniciativa de la Fundación para la Emigración Croata dirigida a jóvenes croatas de la diáspora, diseñada para acercarlos a sus raíces, introducirlos en la cultura croata y fortalecer su vínculo con la tierra de sus antepasados.
Isla de Rab / Otok Rab
Foto: Valeria Salgado / gh
- Llegué a Gospić sin saber lo que me esperaba. Éramos alrededor de 25 jóvenes provenientes de diferentes partes del mundo. Aunque nuestras historias eran diferentes, teníamos algo en común: una conexión con Croacia y el deseo de descubrir qué significaba realmente formar parte de una comunidad que, para muchos de nosotros, había estado presente durante generaciones a través de nuestras familias.
Durante nuestra estancia vivimos en un dormitorio de un colegio de Gospić. Muy rápidamente, aquel lugar dejó de sentirse simplemente como nuestro alojamiento y comenzó a convertirse en nuestro pequeño hogar. Compartimos desayunos, conversaciones, cansancio, risas, planes y, poco a poco, también historias sobre nuestros países y sobre cómo cada uno de nosotros vivía su herencia croata desde lejos.
El programa combinaba voluntariado, aprendizaje cultural, idioma, gastronomía y turismo, y creo que precisamente esa combinación fue lo que hizo que la experiencia fuera tan especial. Una de nuestras primeras actividades fue trabajar en un hogar para adultos mayores de Gospić. No era un voluntariado basado en la interacción directa con los residentes; nuestro aporte consistía en transformar y recuperar espacios que forman parte de su día a día. También dedicamos un día a limpiar el río de la localidad. Fue una de esas jornadas en las que el trabajo terminó mezclado con la aventura. Ver el paisaje desde el agua, rodeados de naturaleza y compartiendo ese momento con todo el grupo, convirtió una actividad de voluntariado en uno de esos recuerdos que seguramente permanecerán conmigo durante mucho tiempo. Sin embargo, mi actividad favorita fue la transformación del parque de la escuela donde recibimos nuestras clases - expresa la colombiana de origen croata.
Los voluntarios tuvieron la oportunidad de acercarse a Croacia desde su idioma, su gastronomía y conociendo el país.
- En las clases de croata, nuestra profesora Viktorija nos llevó por los primeros pasos del idioma. Aprendimos algunas estructuras gramaticales básicas. Para quienes vivimos fuera de Croacia, aprender el idioma tiene un significado especial: cada palabra nueva parece acercarnos un poco más a una parte de nuestra historia familiar. Y después estaban las clases de cocina con Tomislav, que rápidamente se convirtieron en una de las actividades más esperadas. Preparamos diferentes platos y recetas tradicionales. Descubrir la gastronomía croata de esta manera - no solamente probándola, sino preparándola nosotros mismos - fue otra forma de entender la cultura y de conectar con ella.
Nuestra experiencia también nos llevó a descubrir algunos de los paisajes, ciudades y lugares históricos que hacen tan especial a esta parte del país. Visitamos Bunić, donde conocimos un memorial relacionado con la Operación Tormenta; recorrimos los impresionantes Lagos de Plitvice; disfrutamos de la costa en Karlobag; conocimos el museo dedicado a Nikola Tesla; visitamos la isla de Rab y la playa de Pudarica; recorrimos Zadar y también pasamos por Sveti Juraj. Cada lugar tenía una historia diferente. Los Lagos de Plitvice fueron, para mí, uno de los momentos más impresionantes del viaje. Incluso sin hacer el recorrido más largo, fue difícil creer que aquello que estaba viendo fuera real. El agua, los colores, las cascadas y la naturaleza alrededor parecían sacados de una fotografía. Me quedé pensando que algún día quisiera volver y conocerlos en diferentes estaciones del año para descubrir cómo cambia este paisaje - destaca Valeria.
También vivieron muchos momentos más sencillos que resultaron ser igual de especiales.
- Nuestro primer viaje a Karlobag fue como nuestra primera escapada en grupo: playa, agua fría, montañas al fondo y aproximadamente 25 personas disfrutando juntas de unas horas frente al mar. No necesitábamos mucho más. Pero si tuviera que elegir un lugar favorito, probablemente sería la isla de Rab. Me pareció hermosa, tranquila y profundamente europea. El mar era espectacular y tuvimos la oportunidad de saltar desde el bote al agua, uno de esos momentos espontáneos que terminan convirtiéndose en los mejores recuerdos de un viaje.
Al final, sin embargo, creo que los lugares fueron solamente una parte de la experiencia. Lo que realmente hizo especial al Eco Heritage Task Force fueron las personas. Conocer jóvenes croatas que viven en diferentes partes del mundo me permitió descubrir que nuestra relación con Croacia puede ser muy diferente, dependiendo del lugar donde crecimos. Escuchamos historias sobre cómo funcionan las comunidades croatas en otros países, cómo mantienen sus tradiciones y cómo intentan transmitir su cultura a las nuevas generaciones.
Para mí, esto fue especialmente inspirador. Me llevé muchas ideas que quisiera implementar en Colombia a través de la Cámara de Comercio, con el propósito de seguir fortaleciendo y conectando nuestra propia comunidad croata. También entendí algo sobre mí misma. Como colombiana, llevo muy arraigado el valor de la comunidad y el deseo de ayudar a los demás - enfatiza la joven colombiana.
Valeria confirmó que participar en actividades humanitarias, también es una forma de alimentar su propia felicidad.
- Y descubrí que me encanta viajar, pero que disfruto mucho más cuando detrás de cada lugar existe una historia, una cultura y una razón para estar allí. En mi caso, esa razón tiene incluso un significado más profundo: la herencia que me dejó mi abuelo y esa conexión con un país que, aunque durante buena parte de mi vida estuvo lejos, de alguna manera siempre sentí que también era parte de mí. Cuando llegó el momento de despedirnos, sentí tristeza. Habíamos construido amistades muy fuertes en muy poco tiempo y no quería que aquella pequeña comunidad que habíamos creado se separara.
Fue extraño pensar que solo habían pasado dos semanas, porque la cantidad de experiencias, conversaciones, lugares y recuerdos hacía sentir que habíamos vivido mucho más tiempo juntos. Y, al mismo tiempo, sentí una enorme gratitud. Gratitud por haber podido conocer una parte de Croacia que probablemente no habría descubierto de la misma manera viajando como turista. Por haber trabajado, cocinado, recorrido carreteras, nadado en el Adriático, aprendido nuevas palabras y escuchado historias de personas que, aunque vivieran a miles de kilómetros de distancia, compartían conmigo una parte de sus raíces.
Dos semanas fueron suficientes para acercarme mucho más a Croacia, pero definitivamente no fueron suficientes para conocer todo lo que este país tiene para ofrecer. Por eso, si estás pensando en participar en una próxima convocatoria del Eco Heritage Task Force, mi consejo es muy sencillo: no lo pienses dos veces. Va a ser una experiencia única. Cada año trae nuevas personas, nuevas historias y aventuras. Vas a descubrir la cultura, la naturaleza y la historia de Croacia de una manera que difícilmente podrías experimentar como turista.
Pero hay una advertencia: ten cuidado, porque es muy fácil enamorarse de Croacia y terminar queriendo quedarse. A mí me pasó - concluye la colombiana Valeria Salgado Sankovich.
Valeria en Zagreb / Valeria u Zagrebu
Foto: Valeria Salgado / gh
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