La Voz de Croacia

11:05 / 19.07.2026.

Autor: David Rey

Llegada a Croacia con memoria y futuro

Juan, Daniela y Mónica en Zagreb / Juan, Daniela i Mónica u Zagrebu
Juan, Daniela y Mónica en Zagreb / Juan, Daniela i Mónica u Zagrebu
Foto: Familia Chipoco / Obitelj Chipoco / /

El peruano de raíces croatas Juan Chipoco decidió establecerse en Croacia, la patria de su bisabuelo. Durante muchos años tuvo la inquietud de conocer sus raíces y comprender de dónde provenía una parte esencial de su historia familiar. Llegar a Croacia fue una experiencia intensa, aquí encontró gestos de apoyo y personas generosas.

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Juan Chipoco con su hija Valeria / Juan Chipoco sa svojom kćeri Valerijom, Foto: Familia Chipoco / Obitelj Chipoco//
Juan y Hortensia Chipoco / Juan i Hortensia Chipoco, Foto: Familia Chipoco / Obitelj Chipoco//Abuela y padres de Juan / Juanova baka i roditelji, Foto: Familia Chipoco / Obitelj Chipoco//Familia Soko / Obitelj Soko, Foto: Familia Chipoco / Obitelj Chipoco//

- Durante mucho tiempo Croacia fue para mí una presencia lejana, casi mítica. Estaba en los apellidos, en los relatos familiares, en documentos antiguos y en esa sensación difícil de explicar de pertenecer también a un lugar que todavía no se conoce. Mi bisabuelo Antun Soko nació en el siglo XIX en Orašac, cerca de Dubrovnik. Como tantos croatas de su generación, dejó su tierra y viajó a América en busca de oportunidades. Su recorrido lo llevó al Perú, donde formó parte de la historia de los inmigrantes croatas que llegaron a los Andes y se incorporaron al comercio, el transporte, la minería y la exigente vida de las zonas altas.


Sus hijos Angélica y Teófilo Soko nacieron en el Perú y dieron origen a la rama familiar de la que descendemos. Mi padre, Juan Chipoco Soko, hijo de Angélica, siempre nos habló sobre nuestro origen. Nos transmitió esa memoria como una parte valiosa de nuestra identidad, algo que no debíamos olvidar. Con los años, su relato permaneció en nosotros como un asunto pendiente, casi como un llamado silencioso que sabíamos que algún día tendríamos que atender. 


Esa memoria continúa ahora en las nuevas generaciones y encuentra una expresión especial en mi hija Valeria, quien vive en Lima y estudia en la universidad. Ella ha comenzado a interesarse por sus raíces croatas y por la posibilidad de conocer algún día más de cerca el país de sus antepasados. Para mí, eso posee un significado profundo: demuestra que esta historia no termina en quienes decidimos dar el primer paso, sino que puede continuar en nuestros hijos - expresa Juan Chipoco.

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Comunidad Croata de La Paz / Hrvatska zajednica u La Pazu, Foto: Familia Chipoco / Obitelj Chipoco//
Juan Chipoco y Mónica Calasich / Juan Chipoco i Mónica Calasich, Foto: Familia Chipoco / Obitelj Chipoco//Juan Chipoco y Mónica Calasich en Zagreb / Juan Chipoco i Mónica Calasich u Zagrebu, Foto: Familia Chipoco / Obitelj Chipoco//

Para dar ese primer paso, el peruano de ascendencia croata tuvo que emprender una investigación intensa. 


- Revisé documentos familiares, consulté archivos y conversé con tíos y primos descendientes de Antun Soko. Sus testimonios, recuerdos y documentos me ayudaron a reconstruir fragmentos de una historia que había permanecido dispersa durante generaciones. Tratando de comprender el recorrido de mis antepasados y las circunstancias de su emigración. La inquietud nacida de los relatos de mi padre se convirtió en una búsqueda personal profunda. La idea de vivir algún día en Croacia dejó de parecer un sueño remoto y comenzó a transformarse en una posibilidad concreta.


Durante ese proceso conocí a quien sería mi esposa, Mónica Calasich, también descendiente de croatas. Nuestro encuentro fue decisivo, porque la búsqueda dejó de ser individual y se convirtió en un proyecto compartido. Antes de venir a Croacia viajé a Bolivia, donde se encontraba Mónica. Permanecimos allí durante varios años, en una etapa importante de trabajo, aprendizaje y construcción personal. Fue también el tiempo en el que comprendí que había encontrado a la compañera con quien podía convertir este anhelo en un verdadero proyecto de vida.


Compartíamos no solo el origen croata, sino una sensibilidad común frente a la historia, la voluntad de construir y el deseo de impedir que nuestras raíces quedaran reducidas a un recuerdo familiar. Ese compromiso se manifestó de tal manera que, junto con un centenar de personas, participamos como socios fundadores de la Comunidad Croata de La Paz. Aquella experiencia fortaleció nuestro vínculo con la diáspora y con la tierra de nuestros antepasados.


Con el paso del tiempo, nuestra decisión se hizo más firme: queríamos conocer Croacia, vivir aquí y comprobar si este país, presente durante tantos años en los recuerdos familiares, podía convertirse también en nuestro hogar - destaca el peruano de origen croata.

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Estudiantes del Croaticum en Zagreb / Polaznici Croaticuma u Zagrebu , Foto: Familia Chipoco / Obitelj Chipoco//
Juan y familia Calasich en Zagreb / Juan i obitelj Calasich u Zagrebu, Foto: Familia Chipoco / Obitelj Chipoco//

Zagreb los recibió con los desafíos propios de todo comienzo.


- Con un nuevo idioma, nuevas reglas, trámites desconocidos, otra cultura y formas distintas de relacionarse. Al principio, incluso las actividades más cotidianas pueden resultar difíciles: comprender los documentos, aprender las palabras básicas, adaptarse al clima, desplazarse por la ciudad y encontrar un lugar propio. Descubrimos una sociedad que puede parecer reservada al comienzo, pero que muestra una gran nobleza cuando uno se aproxima con respeto y sinceridad. En este camino hemos tenido la fortuna de conocer a personas que, mediante su orientación, amistad y disposición para ayudarnos, hicieron posible que Croacia comenzara a convertirse no solo en la tierra de nuestros antepasados, sino también en un verdadero hogar.


Mi trabajo como ingeniero de software, que puedo desarrollar en gran medida de manera remota, nos permitió establecernos en Croacia sin que yo abandonara mi actividad profesional. Esta experiencia me ofrece la posibilidad de aportar, desde mis conocimientos y mi trabajo, al país que hemos elegido como hogar.


Croacia ya no es para mí un nombre escrito en documentos antiguos. Es una realidad cotidiana: sus calles, su gente, su idioma, sus desafíos y sus posibilidades. Llegar aquí ha significado reencontrarme con una parte de mi historia, pero también aceptar una responsabilidad personal: integrarme, aprender y respetar.


Quizá esa sea una de las enseñanzas más valiosas de este camino. La diáspora croata no pertenece únicamente al pasado ni debe ser vista solo como la memoria de quienes un día partieron. También puede convertirse en una fuerza viva del presente y en un puente entre Croacia y las generaciones que crecieron lejos de ella.


Venir a Croacia ha significado seguir las huellas de mis antepasados, honrar la memoria que mi padre nos transmitió y comenzar una nueva etapa con gratitud y esperanza en la tierra de la que un día partió mi bisabuelo - concluye Juan Chipoco.

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