La escritora mexicana Alejandra Gotóo subraya que vino a Croacia para aprender un ritmo diferente. Se siente bienvenida en el país y continúa escribiendo desde aquí. Es autora del libro “El amor está en otra parte”.
12:41 / 17.05.2026.
Autor: David Rey

Autor:
David Rey
Publicado:
17 de Mayo de 2026, 12:41
La escritora mexicana Alejandra Gotóo subraya que vino a Croacia para aprender un ritmo diferente. Se siente bienvenida en el país y continúa escribiendo desde aquí. Es autora del libro “El amor está en otra parte”.
- Llegué con mi esposo a Zadar, era invierno. El lugar, que en verano seguramente se llena de cuerpos, movimientos y ruido, estaba contenido, casi silencioso. Las casitas, ordenadas, luminosas, parecían más un experimento que un destino.
El frío no era decorativo. El mar no era paisaje. Los olores impregnaban mis huesos y me hacían pensar que había mucho que leer, que decir, que pensar, que explorar. Comencé poco a poco a publicar mis textos, ya lo había hecho antes.
Luego nos mudamos a la isla de Ugljan, al pequeño pueblo de Kali. Ahí el ritmo cambió otra vez. Vivíamos frente al mar. El tiempo parecía estirarse, pero no de forma pasiva: había una especie de atención constante en lo cotidiano.
Después nos mudamos a Zagreb. Ahí nos quedamos más de un año. Zagreb fue mucho más urbano, más estructurado y en cierto sentido, complejo. La ciudad tenía algo profundamente habitable: los tranvías conectándolo todo, la facilidad de moverse sin prisa, los mercados, las cafeterías, los edificios austrohúngaros conviviendo con fachadas grises que parecían guardar otra historia debajo. Zagreb tiene algo difícil de explicar: una mezcla entre intimidad y desgaste.
Algo que no intenta impresionarte de inmediato. Ahí empezamos a construir una vida mucho más cercana a la ciudad - expresa la escritora mexicana.
En Zagreb Alejandra empezó a tomar clases de croata.
- No porque necesitara dominar el idioma, sino porque quería acercarme a la forma en que el mundo se organiza en otra lengua. El lenguaje también es una forma de cuerpo. Tomé clases de croata y el idioma comenzó a abrirme pequeñas puertas. No hablaba bien, pero entendía lo suficiente para equivocarme. Y equivocarse en otro idioma es una forma muy específica de intimidad.
Esas pequeñas escenas fueron importantes para mí. Porque, ahí dejé de relacionarme con Croacia únicamente desde la observación. Empecé a vivirla desde la torpeza, desde la repetición, desde las compras cotidianas, desde conversaciones breves con personas mayores que no hablaban inglés y que, aun así, encontraban la forma de ayudarme. Me gustaba mucho explorar la ciudad así. Hay algo profundamente humano en intentar construir una conversación con las pocas palabras que una tiene.
En Zagreb también conocimos amigos entrañables. Ahí dejamos de sentirnos de paso. Muchos de ellos croatas, otros atravesados por desplazamientos similares: personas que habían vivido entre países, idiomas y memorias distintas. Ese tipo de encuentros me cambió la percepción del país.
También empezamos a movernos más. Recorrimos Plitvice, donde el paisaje parecía operar con otra lógica. Pero incluso viajando, Zagreb seguía sintiéndose como el lugar al que regresábamos. Eso me sorprendió. Hay ciudades que visitas y hay ciudades que lentamente empiezan a organizar tu rutina - enfatiza Alejandra Gotóo.
La escritora mexicana encontró en Zagreb espacios de diálogo.
- En una biblioteca del centro conocí a la Sociedad Hispano-croata. Ese tipo de encuentros, casuales, pero no del todo, son los que han articulado la experiencia total de mi encuentro con Croacia.
Mi libro “El amor está en otra parte” se escribió en ese tránsito. No es un libro sobre Croacia, pero está atravesado por ella. Por esa forma de percibir donde lo cotidiano nunca es del todo estable. Donde los vínculos se tensan en lo mínimo. Donde el cuerpo interrumpe lo que parecía automático.
Croacia no aparece como escenario, pero sí como insistencia. Como algo que reorganiza la mirada. A veces pienso que no solo me traje recuerdos, amigos y experiencias. También me traje otra manera de estar. Una atención distinta a lo que parece insignificante. Una incomodidad con las explicaciones demasiado rápidas. Una forma de escritura que no busca cerrar, sino quedarse un poco más en lo que no termina de resolverse.
Croacia para mí no es un lugar al que fui, es un lugar que se quedó conmigo. Y es también desde ahí que sigo escribiendo. Actualmente colaboro con medios de comunicación croatas, donde continúo explorando estas intersecciones entre cuerpo, memoria y vida cotidiana. Quizá escribir es eso. Seguir habitando los lugares que no terminan de irse - concluye la escritora mexicana Alejandra Gotóo.
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