La Voz de Croacia

09:30 / 29.03.2026.

Autor: David Rey

Boliviana orgullosa de sus raíces croatas

Estudiantes de idioma croata / Polaznici hrvatskog jezika
Estudiantes de idioma croata / Polaznici hrvatskog jezika
Foto: Juan Carlos Núñez / /

Daniela Núñez Calasich, boliviana de origen croata, viene de La Paz, una ciudad suspendida entre montañas, donde las culturas se encuentran y dialogan todos los días. Para La Voz de Croacia afirma que en Croacia siente que está viviendo una experiencia que la acerca mucho más a sus antepasados, quienes un día emprendieron el mismo camino hacia lo desconocido: la memoria que cruzó el océano.

- Hay lugares que uno reconoce antes de conocerlos. No aparecen primero en los mapas, sino en la memoria. En los apellidos que heredamos, en las historias que viajan de generación en generación como pequeñas luces que nunca se apagan. Croacia fue durante mucho tiempo ese lugar para mí. Desde muy joven sentí una profunda atracción por contar historias y capturar la vida a través de imágenes y textos. Esa inquietud me llevó a estudiar cine y producción audiovisual en la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz.


Con el tiempo, esa búsqueda creativa me llevó inevitablemente hacia mis propias raíces. Como parte de mi formación universitaria desarrollé mi tesis en forma de documental sobre mis raíces croatas. Este proyecto me llevó a investigar la historia de aquellos migrantes que, décadas atrás, cruzaron el océano para comenzar una nueva vida en Bolivia. A través de archivos, testimonios y recuerdos familiares fui descubriendo la enorme valentía que implicaba dejarlo todo atrás para construir un hogar en una tierra desconocida.


Entender esa historia cambió profundamente mi forma de mirar el mundo. Porque migrar no es solamente trasladarse de un lugar a otro. Es reconstruirse, aprender a pertenecer de nuevo y, con el tiempo, convertir un territorio extraño en hogar - enfatiza Daniela Núñez.


La joven boliviana tiene raíces croatas por parte de su familia materna. No obstante, no creció hablando el idioma croata.


- Como ocurre en muchas familias migrantes, con el paso de las generaciones el idioma no logró mantenerse vivo dentro de nuestro hogar. Lo que sí permaneció fue algo más difícil de explicar: las historias familiares, los apellidos y una conexión silenciosa con un país que nunca había visitado pero que, de alguna manera, ya sentía como parte mía.


Mi familia siempre fue mi refugio y también la que me inculcó el amor por Croacia. Especialmente mi madre. Ella comenzó este viaje cargando sueños y la esperanza de reencontrarse con nuestras raíces. Fue quien dio el primer paso hacia esta historia que hoy también es mía. Cuando llegué aquí, muchas cosas ya se sentían más cercanas gracias a ella. De alguna manera, yo ya tenía un pedazo de mi hogar en Croacia. Le agradezco profundamente haber abierto las puertas a esta oportunidad para nuestra familia.


Además de mi familia en Bolivia, aquí también he podido acercarme a la diáspora. Conocer personas que comparten historias similares de migración, memoria y raíces, crea un sentimiento muy especial de pertenencia. Es como descubrir que la historia personal forma parte de algo mucho más grande.


Cuando finalmente llegué a Croacia, uno de los primeros desafíos fue el idioma. El idioma croata era para mí un territorio completamente nuevo: sonidos distintos, palabras que parecían imposibles de pronunciar y una musicalidad muy diferente a todo lo que conocía. Por eso el curso de idioma se convirtió en uno de los espacios más significativos de esta experiencia. Allí conocí personas de muchos lugares del mundo, cada una con su propia historia y su propio motivo para estar aquí. Con el tiempo, varios de ellos se volvieron amigos entrañables - destaca Daniela Núñez.

Galerija
Daniela en Zagreb / Daniela u Zagrebu , Foto: Juan Carlos Núñez//
Daniela con la bandera boliviana / Daniela s bolivijskom zastavom , Foto: Juan Carlos Núñez//Daniela con su familia / Danijela sa svojom obitelji, Foto: Juan Carlos Núñez//Sociedad Hispano Croata / Hrvatsko-hispansko društvo, Foto: Juan Carlos Núñez//

Llegar a Croacia le permitió a Daniela comprender, de una forma muy profunda, la memoria que cruzó el océano: lo que significa ser migrante.


- No en un sentido negativo, sino como una experiencia que transforma la forma en que uno mira el mundo. De pronto todo es nuevo: la lengua, los gestos, los ritmos de la vida cotidiana. Aprender el idioma croata con los amigos también significaba equivocarnos juntos. Reírnos de nuestras pronunciaciones imposibles, de las frases que decíamos al revés o de las palabras que terminaban significando algo completamente distinto de lo que queríamos decir. En ese proceso compartido de ensayo y error, todos íbamos creciendo poco a poco.


Muchas veces, caminando por la calle, las señoras mayores comienzan a hablar conmigo con una ternura especial, como si yo fuera una nieta. Al principio no entendía absolutamente nada de lo que decían. Solo sonreía, y ellas me devolvían la sonrisa con la misma calidez.


Con el tiempo, el oído comienza a reconocer pequeñas cosas: un saludo, una pregunta sencilla, alguna palabra familiar. Esos momentos diminutos se sienten como pequeñas victorias personales. Y hay algo muy especial cuando intentas hablar croata, aunque sea con frases torpes o palabras sueltas. Muchas veces la mirada de las personas cambia. Se ilumina. Les alegra ver que alguien intenta acercarse a su lengua y a su cultura.


Algo que me sorprendió profundamente fue la sensación de calma. Vengo de un país donde la vida social es intensa, donde la lucha y la protesta forman parte de la respiración misma de las ciudades. En Bolivia las calles hablan, discuten, se levantan cuando es necesario; la gente defiende sus convicciones con la fuerza de quien sabe que la historia también se escribe desde la plaza y desde la voz colectiva - expresa la boliviana de origen croata.


Daniela siente que su corazón late ahora entre dos mundos diferentes y distantes.


- Croacia me recibió con otra forma de energía, con una serenidad que no nace de la ausencia de carácter, sino de la memoria. Aquí también existe coraje. Aquí también se defienden las cosas que se aman. Pero junto a esa fortaleza vive un profundo respeto por la tranquilidad, por el silencio compartido, por esa paz que muchos pueblos aprenden a valorar después de haber atravesado la historia. Al principio esa calma me resultaba extraña. Con el tiempo se volvió profundamente acogedora.


Bolivia es la tierra que me vio nacer, la fuerza de las montañas que me formaron. Croacia, en cambio, es el eco de una historia más antigua, una raíz que atravesó océanos y generaciones hasta alcanzarme. Estar aquí no es solo llegar a un país nuevo; es caminar dentro de una memoria que siempre me estuvo esperando. Estar aquí ha sido también una forma de volver a mí misma. De escuchar con más claridad la historia de mi familia y entender que la identidad no siempre es una línea recta: a veces es un círculo que, tarde o temprano, nos trae de regreso.


A veces incluso tengo la sensación extraña de que ya había estado aquí antes. Tal vez no en esta vida, pero sí en algún lugar profundo donde viven las memorias de quienes vinieron antes que nosotros. Tal vez en otras vidas. O tal vez en esa memoria silenciosa que viaja en la sangre y en las historias familiares. Porque a veces migrar no significa irse lejos. A veces significa simplemente encontrar el camino de regreso - concluye Daniela Núñez Calasich, boliviana de origen croata.

Galerija
Comunidad Croata de La Paz / Hrvatska zajednica La Paza, Foto: Juan Carlos Núñez//
Daniela en Samobor / Daniela u Samoboru , Foto: Juan Carlos Núñez//

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