Hija del croata Franjo Soldo y de una mujer sudafricana de origen afrikáner, Nadia Soldo creció en Sudáfrica, una tierra de historia rica y compleja. Ahora, junto a sus hijos Danijela y Živan, emprendió un viaje intercontinental para conocer de primera mano la tierra de sus antepasados y reconstruir una parte de su historia familiar.
La vida de su padre en Sudáfrica comenzó con un billete de ida. El país lo atrajo con la promesa de mejores salarios y un menor coste de vida, pero lo recibió en plena época del apartheid, en una realidad muy distinta a la que conocía.
"Llegó a África y creo que le resultó muy difícil. Era una época de gran inestabilidad política en Sudáfrica, marcada por una fuerte segregación. Mi padre era una persona muy afable y de buen corazón. Creo que le costó asimilar todo aquello. La experiencia de la emigración también fue dura", cuenta Nadia.
Preguntas sin respuesta
Franjo no hablaba demasiado de su pasado. Nadia sabía que había vivido entre Herzegovina y Eslavonia antes de marcharse al extranjero, como tantos otros croatas de su generación. Sin embargo, durante muchos años desconoció buena parte de la historia de su familia.
Cuando tenía alrededor de veinte años decidió viajar a Europa para encontrar respuestas.
"Pensé: 'Voy a visitar a mi familia'. No tenía ni idea de lo que encontraría. Finalmente conocí al resto de la familia en Eslavonia y Herzegovina. Estaba sentada con ellos y de pronto comprendí que aquella era una parte de mi identidad que había desconocido durante años. Fue como encontrar un tesoro oculto, una pieza del rompecabezas que siempre había faltado. Encajaba perfectamente con quién soy", recuerda.
Aquel encuentro cambió su perspectiva y le dio un nuevo sentido de pertenencia. También comenzó a comprender mejor lo que su padre había sentido al abandonar su tierra natal y las costumbres que llevó consigo hasta Sudáfrica.
Entre ellas estaban pequeños rituales cotidianos, como disfrutar de una taza de café sin prisas. Eran fragmentos de Croacia trasladados al extremo sur de África.
"Sudáfrica es un país en vías de desarrollo. Hay una clase media y sectores acomodados, pero también muchas personas que viven en condiciones de extrema pobreza. La infraestructura es muy distinta a la que existe aquí en Europa", explica Nadia.
Franjo se casó con una sudafricana de habla afrikáans. Crecer entre dos culturas no siempre fue sencillo para su hija, pero con el paso del tiempo comprendió que aquella doble herencia era también una riqueza que quería transmitir a sus propios hijos.
"Les dije que mi padre les había dejado pasaportes croatas y que eso era un regalo. Pero no se trata solamente de un papel. Ellos querían mucho a mi padre y crecieron con él. No quiero que olviden que su identidad no es solo un documento. Es algo que llevas dentro y que tienes que abrazar".
Croacia a través del abuelo
Živan Vermaak, hijo de Nadia y nieto de Franjo Soldo, recuerda que su primer contacto con Croacia llegó precisamente a través de su abuelo.
"Nos preparaba platos croatas y, a través de esas comidas, conocimos una parte de la cultura. Aprendíamos palabras nuevas en croata y veíamos juntos los partidos de la selección durante el Mundial. Siempre sentimos un vínculo con Croacia. Cuando finalmente llegamos aquí, pudimos ver con nuestros propios ojos todo lo que él nos había contado".
Su hermana Danijela destaca especialmente la acogida que encontraron durante el viaje.
"La gente te acepta de inmediato. La familia es simplemente familia. No importa si se trata de primos lejanos: todos te incluyen en lo que sucede a su alrededor. Desde el primer momento sientes que perteneces al lugar".
Entre los recuerdos familiares hay una expresión que adquirió para ellos un significado especial: daj snage, "dame fuerzas".
"Cada día, antes de ir a la escuela, saludábamos al abuelo. Pero la frase que siempre recordaré es daj snage. Cuando atravesaba momentos difíciles, él me la repetía. Al llegar a Croacia y visitar Vukovar y Herzegovina entendí mucho mejor de dónde provenían esas palabras", relata Živan.
En busca del lugar donde nació el abuelo
Uno de los momentos más emotivos del viaje fue la visita a Vetovo, donde Franjo Soldo está enterrado.
"Mi padre quería volver. Siempre perteneció a este lugar y deseaba regresar", recuerda Nadia.
Para sus nietos, estar frente a su tumba cerró de alguna manera un círculo que había comenzado décadas antes con su partida hacia Sudáfrica.
"Cuando llegamos aquí sentimos que volvíamos a casa. El abuelo siempre decía que quería regresar a Croacia. Cuando estuve frente a su tumba pensé: 'Estoy aquí contigo. Este es el momento. Estoy contigo, abuelo. Te quiero muchísimo'", cuenta Živan.
Danijela y Živan ya imaginan un vínculo más estrecho con Croacia en el futuro. Esperan participar en un curso de verano de lengua croata y no descartan continuar más adelante sus estudios en el país, mientras siguen descubriendo la historia y la cultura de "la tierra de su abuelo".
Al finalizar el viaje, Nadia deja un mensaje para los croatas y descendientes de croatas que viven lejos de la patria de sus antepasados:
"No dejen que su herencia croata sea solamente un papel. Vengan aquí y vivan la experiencia. No llegará hasta ustedes por sí sola: tienen que dar ese paso. Encuentren a su familia, descubran su historia y siéntanse orgullosos de ella".