Con tan solo siete años, se quedó dormido en un barco que zarpó rumbo a Asia, y la vida lo llevó más tarde a Argentina, donde dejó una huella imborrable. Matija Nikolorić, uno de los primeros croatas en Rosario, construyó el primer edificio de dos plantas de la ciudad y se convirtió en una figura importante de su historia.
Con tan solo siete años, se quedó dormido en un barco que zarpó rumbo a Asia, y la vida lo llevó más tarde a Argentina, donde dejó una huella imborrable. Matija Nikolorić, uno de los primeros croatas en Rosario, construyó el primer edificio de dos plantas de la ciudad y se convirtió en una figura importante de su historia.
Casi dos siglos después, sus compatriotas y sus descendientes siguen conservando sus raíces croatas. En un nuevo episodio de la serie «Nuestra gente, sus lugares», descubrimos las increíbles historias de Rosario, la ciudad argentina donde Croacia sigue viva desde hace generaciones.
El niño del Adriático que hizo historia en una ciudad argentina
Rosario, situada a orillas del gran río Paraná, es hoy uno de los principales centros económicos de Argentina. Sin embargo, a principios del siglo XIX era apenas un pequeño puerto fluvial conocido como Pago de los Arroyos.
Fue precisamente allí donde llegó Matija Nikolorić (Matías Nicolorich), un marino de origen croata cuya historia de vida parece sacada de un guion cinematográfico.
—Los historiadores cuentan que, a los siete años, se escapó de la escuela, se quedó dormido en un barco y no se despertó hasta que la embarcación ya navegaba rumbo a Asia —revela Camila Docampo, quien investigó su vida.
Tras pasar años en el mar, llegó a Argentina. En Rosario se enamoró, vendió su barco y decidió quedarse.
Llegó a convertirse en la máxima autoridad local, y su contribución al desarrollo de la ciudad sigue siendo recordada hasta hoy.
¡Construyó el primer edificio de dos plantas y sus vecinos se burlaban de él!
Una de las historias más interesantes sobre Nikolorić está relacionada con la casa que construyó inspirándose en el hogar de su madre en Croacia.
Según los registros históricos, ¡fue la primera casa de dos plantas de Rosario!
—Sus vecinos se burlaban de él porque no entendían por qué construía hacia arriba cuando había tanta tierra libre —explica Camila.
En el Museo Estévez todavía se conserva un muro que, según se cree, Nikolorić construyó en 1830.
Las memorias de su nieta Alvira Aldao también arrojan luz sobre su vida. En ellas se mencionan las raíces croatas de la familia y algunos acontecimientos insólitos de su pasado.
Llegó a Argentina siendo huérfano y encontró una nueva familia entre los croatas
Con el paso de las décadas, Rosario se convirtió en el hogar de numerosos emigrantes croatas. Hoy viven alrededor de 40.000 descendientes de croatas en la región más amplia.
Entre ellos se encuentra Sol Ivancich, cuyo apellido también se escribe Ivančić y cuya familia se dedica al comercio de cereales desde hace generaciones.
Su antepasado Hermenegildo Ivančić llegó a Argentina cuando tenía catorce años y era huérfano. Al enterarse de que en Rosario vivía una numerosa comunidad croata, decidió buscar allí a sus compatriotas.
Junto con los croatas Jakaš y Kokić, fundó una empresa que pasó a formar parte de la historia familiar.
—Siempre me he sentido parte de la comunidad croata, como croata. Aunque las generaciones que llegaron aquí lo hicieron mucho antes que yo, siento que eso forma parte de mi identidad —afirma Sol.
El croata se estudia a miles de kilómetros de la patria
La importancia de las raíces croatas en Rosario también se refleja en el interés por la lengua croata.
En la Universidad Nacional de Rosario se enseña croata desde 2009. La lectora de croata Anamarija Sučec explica que entre 70 y 100 estudiantes lo aprenden cada año.
Entre ellos hay descendientes de emigrantes croatas, pero también argentinos que desean conocer Croacia por amistad, por amor o, simplemente, por curiosidad.
—Muchos descendientes de croatas ni siquiera saben cuánto contribuyeron sus antepasados al desarrollo de Argentina —destaca Anamarija.
«Quiero visitar Hvar y conocer el lugar de mis antepasados»
Aunque creció en Argentina, Sol Ivancich nunca ha olvidado de dónde procede su familia.
Hay un deseo que tiene un significado especial para ella: visitar Croacia.
—Hace mucho tiempo que quiero visitar Hvar y conocer el lugar del que procede mi familia. Todos los miembros de mi familia ya han estado allí, excepto yo —confiesa Sol.
Ese deseo quizá describa mejor que nada los sentimientos de tantos descendientes de emigrantes croatas que llevan en el corazón la patria de sus antepasados, aunque nunca la hayan visitado.
Una huella croata que el tiempo no ha borrado
En el cementerio El Salvador de Rosario se encuentra el mausoleo de la familia Nikolorić, que conserva el recuerdo de las primeras generaciones de inmigrantes croatas.
Entre ellos figura Pedro Nikolorić, poeta y capitán militar que murió joven durante la Guerra de la Triple Alianza en Argentina.
Actualmente existen iniciativas para proteger y restaurar el mausoleo familiar, considerado un valioso patrimonio histórico y cultural.
Desde aquel niño que se hizo a la mar por casualidad hasta las nuevas generaciones que sueñan con visitar Croacia, Rosario conserva historias que unen dos continentes.
Porque la historia croata no se ha escrito únicamente en suelo croata. Sus huellas perduran también a miles de kilómetros de distancia, en ciudades que nuestros emigrantes contribuyeron a construir.