La Voz de Croacia

19:07 / 19.09.2026.

Autor: David Rey

Labor benéfica en Gospić: el regreso a las raíces

Voluntariado en Gospić
Voluntariado en Gospić
Foto: Valeria Salgado / -

Valeria Salgado Sankovich, una colombiana de ascendencia croata, pasó dos semanas explorando Croacia como parte del programa Eco Heritage Task Force, una iniciativa de la Fundación del Patrimonio Croata dirigida a jóvenes croatas de la diáspora, diseñada para acercarlos a sus raíces, introducirlos en la cultura croata y fortalecer su vínculo con la tierra de sus antepasados.

Isla de Rab

Isla de Rab

Foto: Valeria Salgado / gh

- Llegué a Gospić sin saber qué esperar. Éramos veinticinco jóvenes de diversas partes del mundo. Aunque nuestras historias eran diferentes, compartíamos algo en común: un vínculo con Croacia y el deseo de descubrir qué significa realmente formar parte de una comunidad que —a través de nuestras familias— había estado presente en la vida de muchos de nosotros durante generaciones.




Durante nuestra estancia, nos alojamos en una residencia de estudiantes en Gospić. Al poco tiempo, el lugar dejó de ser simplemente un sitio donde dormir; empezó a sentirse como un hogar lejos de casa. Desayunábamos juntos, conversábamos y compartíamos el cansancio, las risas y los planes; poco a poco, contábamos historias sobre los países de donde veníamos y cómo cada uno de nosotros cultivaba su herencia croata desde la distancia.




El programa incluía voluntariado, inmersión cultural, aprendizaje del idioma, gastronomía y turismo. Creo que fue precisamente esta combinación lo que hizo que la experiencia fuera tan especial. Una de nuestras primeras actividades fue trabajar en un hogar de ancianos en Gospić. No se trataba de una labor de voluntariado que implicara interacción directa con los residentes; más bien, nuestra contribución consistió en reacondicionar y renovar espacios que formaban parte de su vida cotidiana.




También dedicamos un día a limpiar un río de la zona. Fue uno de esos días en los que el trabajo se entrelazaba con la aventura. La vista del paisaje desde el agua —rodeados de naturaleza y compartiendo el momento con todo el grupo— convirtió aquella actividad de voluntariado en un recuerdo que, sin duda, atesoraré durante mucho tiempo. «Sin embargo, mi actividad favorita fue la renovación del parque cercano a la escuela a la que asistíamos», comenta la joven colombiana de ascendencia croata.

Voluntariado en Gospić

Voluntariado en Gospić

Foto: Valeria Salgado / gh

Los voluntarios tuvieron la oportunidad de conocer Croacia a través de su idioma y su gastronomía, así como mediante una experiencia directa en el país.




– Durante las clases de croata, nuestra profesora Viktorija nos guio en los primeros pasos para dominar el idioma. Aprendimos algunas estructuras gramaticales básicas. Para quienes vivimos fuera de Croacia, aprender el idioma tiene un significado especial: sentimos que cada palabra nueva nos acerca —aunque sea un poco— a una parte de nuestra historia familiar. También se organizaron talleres culinarios con Tomislav, que rápidamente se convirtieron en una de las actividades más esperadas. Preparamos diversos platos y recetas tradicionales. Descubrir la cocina croata de esta manera —no solo probando los platos, sino preparándolos nosotros mismos— fue otra forma de conocer la cultura y conectar con ella.




Nuestra experiencia también nos llevó a descubrir algunos de los paisajes, pueblos y lugares históricos que hacen tan especial a esta parte del país.




Visitamos Bunić, donde vimos el monumento conmemorativo de la Operación Tormenta; recorrimos los hermosos lagos de Plitvice; disfrutamos de la costa en Karlobag; visitamos el museo dedicado a Nikola Tesla; fuimos a la isla de Rab y a la playa de Pudarica; exploramos Zadar; y también hicimos una parada en Sveti Juraj. Cada lugar tenía su propia historia. Para mí, los lagos de Plitvice fueron uno de los aspectos más impresionantes y hermosos del viaje. Incluso sin elegir la ruta más larga, costaba creer que lo que veía fuera real. El agua, los colores, las cascadas y la naturaleza circundante parecían sacados de una fotografía. «Me sorprendí pensando que me encantaría volver algún día y vivir la experiencia de los lagos en diferentes estaciones, para ver cómo cambia el paisaje», comenta Valeria.

Baške Oštarije, cerca de Karlobag

Baške Oštarije, cerca de Karlobag

Foto: Valeria Salgado / gh

También vivieron muchos momentos más sencillos que resultaron ser igual de especiales.




—Nuestro primer viaje a Karlobag fue como nuestra primera salida en grupo: la playa, el mar fresco, las montañas de fondo y una veintena de personas disfrutando de unas horas junto al agua. No necesitábamos mucho más. Aun así, si tuviera que elegir un lugar favorito, probablemente sería la isla de Rab. Me pareció una isla hermosa, tranquila y auténticamente europea. El mar era espectacular y tuvimos la oportunidad de lanzarnos al agua directamente desde el barco; fue uno de esos momentos espontáneos que terminan convirtiéndose en los mejores recuerdos de viaje.




Sin embargo, al final, creo que los lugares eran solo una parte de la experiencia. Lo que realmente hizo especial la iniciativa *Eco Heritage Task Force* fue la gente. Conocer a jóvenes croatas que viven en distintas partes del mundo me permitió descubrir cómo nuestra relación con Croacia puede variar considerablemente según dónde hayamos crecido. Escuchamos historias sobre el funcionamiento de las comunidades croatas en otros países, cómo preservan sus tradiciones y cómo se esfuerzan por transmitir su cultura a las nuevas generaciones.




Esto me resultó especialmente inspirador. Obtuve muchas ideas que me gustaría implementar en Colombia a través de la Cámara de Comercio, con el objetivo de fortalecer y conectar aún más a nuestra comunidad croata. También pude conocerme mejor a mí misma; como colombiana, el valor de la comunidad y el deseo de ayudar a los demás están profundamente arraigados en mí —destaca la joven colombiana.

Zadar

Zadar

Foto: Valeria Salgado / gh

Valeria confirmó que participar en actividades humanitarias es también una forma de cultivar la propia felicidad.




- Descubrí que me encanta viajar, pero disfruto mucho más cuando detrás de cada lugar hay una historia, una cultura y una razón especial para mi estancia. Para mí, esa razón tiene un significado aún más profundo: se trata del legado que me dejó mi abuelo y de la conexión con una tierra que —a pesar de haber pasado la mayor parte de mi vida lejos de ella— de alguna manera siempre sentí que también formaba parte de mí. Cuando llegó el momento de despedirnos, sentí tristeza. En muy poco tiempo habíamos forjado amistades sólidas, y no quería que la pequeña comunidad que habíamos creado se disolviera.




Resultaba extraño pensar que solo habían pasado dos semanas, ya que la riqueza de experiencias, conversaciones, lugares y recuerdos daba la impresión de que habíamos pasado mucho más tiempo juntos. Al mismo tiempo, sentía una inmensa gratitud: gratitud por la oportunidad de conocer una parte de Croacia que probablemente no habría descubierto de la misma manera si hubiera viajado como turista; por el trabajo, la cocina, los trayectos en coche, los baños en el mar Adriático, las nuevas palabras que aprendí y las historias de las personas que —a pesar de vivir a miles de kilómetros de distancia— compartieron conmigo un pedazo de sus raíces.




Dos semanas fueron suficientes para forjar un vínculo mucho más profundo con Croacia, aunque ciertamente no bastaron para descubrir todo lo que el país tiene para ofrecer. Así que, si estás pensando en participar en el próximo programa *Eco Heritage Task Force*, mi consejo es sencillo: no lo dudes. Será una experiencia única. Cada año trae consigo nuevas personas, nuevas historias y nuevas aventuras. Descubrirás la cultura, la naturaleza y la historia de Croacia de una manera difícil de experimentar como turista.


Sin embargo, una advertencia: ten cuidado, porque podrías enamorarte fácilmente de Croacia y querer quedarte. Eso es lo que me pasó a mí —concluye Valeria Salgado Sankovich, de nacionalidad colombiana.


Traduccion: Manuel Plaza

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