Arena de Marković de noche
Foto: fotografia cedida / Walter Debenedetti
En Uruguay hemos hablado con el Arq. Walter Debenedetti, director del impresionante
proyecto de restauración de la Plaza de Toros, una obra maestra de inicios del
siglo XX cuya construcción patrocinó la familia croata Mihanovich de Buenos
Aires y el arquitecto de la época Josip Marković.
¡En la ciudad oriental La Plaza de Toros irradia con un nuevo brillo! A
casi cien años de su clausura, se restauró y reinauguró el espacio reconocido
como monumento nacional y símbolo de la Republica Oriental del Uruguay.
A principios del siglo XX Nicolás Mihanovich (hijo del homónimo inmigrante
croata), trató de aprovechar la cercanía de un pintoresco pueblo oriental que está
ubicado en la otra orilla de Buenos Aires. El proyecto fue delegado al arquitecto
croata Josip Marković, quien ya trabajaba para su familia en la Argentina. El
complejo fue ubicado en el predio Real de San Carlos e inaugurado en 1910 y su
mayor atracción, la Plaza de Toros, fue la única en el país. Pero no tuvo mucha
suerte y para su propósito sirvió sólo dos años. En 1912 las corridas de toros
fueron prohibidas en Uruguay. Finalmente, una regulación argentina donde se
prohibió en Buenos Aires el traslado de barcos a hoteles casinos, dio el punto
mortal. Eso llevó a un lento declive del complejo y en 1935 quedó en manos de
la intendencia de Colonia, y poco a poco se fue transformando en una ruina.
Sin embargo, gracias a un audaz proyecto de restauración, desde 2021 la
Plaza de Toros funciona nuevamente como centro de espectáculos culturales y
deportivos con una capacidad para cuatro mil personas. Sobre por qué era
importante renovarlo y cuál es su relación con Croacia, hablamos con el
arquitecto Walter Debenedetti, director de patrimonio en Colonia:
El arquitecto Walter Debenedetti en el estadio recientemente renovado
Foto: fotografia cedida / Walter Debenedetti
Cuéntenos cómo comenzó este proyecto.
Los primeros trabajos previos los hicimos en 2013. Ahí contratamos por
una licitación un equipo catalán que había trabajado en obras de Gaudí y en otras
obras importantes en Europa. Con ellos hicimos todo el estudio de la estructura
metálica, la estructura de ladrillo, el relevamiento integral a través de una
escala 3D, porque no había planos fidedignos.
Estaba el plano original de Josip Marković, pero este no reflejaba
exactamente la realidad que se construyó. Su proyecto tenía un aire mucho más morisco,
tenía azulejos, tenía mucha más influencia del sur de España. El resultado que
quedó que fue mucho más sobrio y sin los azulejos, pero refleja claramente esa
influencia que tiene en el mundo taurino.
¿Qué principios siguieron durante el proceso de restauración?
Hemos tomado la decisión de no falsificar. Lo que es original en la
plaza es original, lo que no, lo hemos declarado como nuevo. Los ladrillos son
parecidos, pero los nuevos no son iguales. Uno tiene que poder pararse en la
fachada y decir “bueno, aquellos son ladrillos nuevos y estos son los ladrillos
originales”.
Por supuesto que hicimos arquitectura contemporánea porque es un tema
de autenticidad en las intervenciones. Lo nuevo es lo nuevo, hay por ejemplo un
puente de vidrio que une lo viejo con lo nuevo. Nadie va a pensar que en 1910
esas cosas se podían hacer, pero esto también se hizo resaltando la armonía y
la belleza estética que tiene el edificio.
De ese tipo de gestos está lleno la Plaza de Toros, porque nos parece
clave que uno respete al edificio manteniendo lo original. Rehabilitamos un
poco más de un 40% y el resto quedó como ruina consolidada. Me parecía que era
una reflexión mucho más interesante estar sentado en una cosa rehabilitada y
mirando enfrente cómo era el original, que de última es lo realmente valioso. Mantuvimos
la ruina en su originalidad y a la vez un sector que está reciclado con el respeto
que se debe a un edificio de estas características.
El edificio tuvo un profundo deterioro y sería engañar a la gente que
dentro de 4 o 5 años venga, mire y diga “qué suerte, qué bien que lo cuidaron
durante estos 100 años”. No, lamentablemente tuvo un tiempo de deterioro y
ahora lo que hicimos por suerte es poder recuperarlo. Eso es parte también de
un valor cultural – hay un tema de postura, de asumir la realidad y de no
mentir. En el patrimonio, la autenticidad es un valor importante.
Hemos oído que hubo un gran interés en el proyecto. ¿Están satisfechos
sus conciudadanos?
Nosotros, en lugar de cerrar, lo tuvimos abierto por obras. Hicimos un
túnel, explicamos todo el proceso de lo que era la obra, que había sido el
proyecto de Mihanovich y después explicamos cómo se había deteriorado. Después
explicamos cómo iba a ser el proyecto con guías locales y la gente podía entrar
en un pequeño recinto adentro y pudieron ver todo el proceso de la obra. Eso es
una novedad que me parece más que interesante. Fue un desafío técnico porque
obviamente la gente tiene que entrar con seguridad, pero a la vez fue muy
satisfactorio porque había muchas ganas de ver el lugar y pudimos en ese tiempo
satisfacer las curiosidades de la gente. Y esto hoy sigue, porque seguimos teniendo
visitas guiadas a la plaza que están batiendo récord de público. Siempre están
todas las visitas colmadas y la verdad que hay como una avidez de ver el
proyecto, ver cómo se realizó la rehabilitación, de entrar a la plaza de toros
y ver su magnificencia y su belleza patrimonial y estética.
¿Qué puede decir sobre el estilo arquitectónico de La Plaza de Toros? Joven
Josip Marković fue el arquitecto que diseñó del pabellón en Bosnia y
Herzegovina de Austria-Hungría para el Expo 1900 en Paris de estilo oriental. ¿Cree
que esto influyó en su trabajo?
Hay que ubicarse también en la época. El movimiento moderno estaba recién
empezando y creo que esto se reflejaba claramente. Las plazas de toros son muy
de influencia neomudéjar, de todo lo que es el mundo árabe, mezclado con el sur
de España. Pero si rescato el tema croata. Hay algunos detalles que son referidos
al tema: toda la plaza exterior que nosotros hicimos es blanca y roja. O sea,
el piso tiene unas cintas y unos pavimentos en rojo y eso no es casualidad.
Como un sutil homenaje a la tierra de el creador del complejo – tanto del inversor
Mihanovich, como del arquitecto Marković por su origen croata. Valía la pena
hacer un sutil homenaje los colores rojo y blanco representan a la bandera
croata.
Más allá de ser iniciado por inmigrantes croatas, ¿tiene el proyecto un
valor cultural o técnico más amplio?
Yo creo que sí, el edificio tiene una gran cantidad de valores. No solo
por el desafío tecnológico que fue 1910. Estamos hablando de todas las gradas
prefabricadas de hormigón, el hormigón es un material inventado a finales del
siglo XIX y unos años después en el sur de Sudamérica se estaba realizando
tecnología arriba de un nuevo material, así que ya ahí tiene un gran mérito. Tiene
una belleza estructural en lo metálico que de alguna manera también habla de la
época y de la rapidez con que fue construido.
También desde el punto de vista de la intervención en un monumento histórico.
Es un ejemplo en todos los conceptos, desde la autenticidad en la intervención
y el respeto por las preexistencias. Trabajamos con arqueólogos y hicimos los
trabajos multidisciplinarios con todas las disciplinas que se imponen en un
edificio de este tipo.
Entonces a mí me parece que, desde el punto de vista científico,
patrimonial y cultural, tiene muchas cosas para decir.
Después de más de un siglo desde su inauguración, el complejo turístico
de los Mihanovich en Colonia, finalmente comienza a atraer visitantes, pero ya
no por su novedad, sino por su historia.
¡Así es, hoy se ha transformado de nuevo en un ícono! Es como renacer
de las cenizas y de alguna manera es un orgullo. No solo para mí, por supuesto
que tuve la suerte de intervenir en el proyecto y de poder liderar todo el
proceso de rehabilitación, sino como coloniense, y yo sé que toda la gente de
la ciudad y muchos más allá que va más allá de la gente de la ciudad, porque la
enorme cantidad de amigos que tengo en otros lugares del Uruguay, te felicitan
por el trabajo y se sienten felices de que ese edificio que todos pensamos que
iba camino a la ruina haya podido recuperar su esplendor.
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