La Voz de Croacia

18:32 / 28.10.2026.

Autor: Naši ljudi, njihova mjesta/Ivona Zadro/Glas Hrvatske

Monjas croatas llevan 90 años transformando vidas en Argentina

Hrvatske sestre 90 godina mijenjaju živote u Argentini
Hrvatske sestre 90 godina mijenjaju živote u Argentini
Foto: Naši ljudi, njihova mjesta / Glas Hrvatske

Hace casi un siglo, religiosas croatas llegaron a Argentina para ayudar a los emigrantes que buscaban una vida mejor lejos de su tierra natal. En una zona pantanosa, rodeada de familias humildes, construyeron una escuela que continúa educando a nuevas generaciones. En la serie Nuestra gente, sus lugares, Matija Jerković presenta su conmovedora historia y la de un nieto de emigrantes croatas que llegó a convertirse en portavoz de la Iglesia en Argentina.

Desde Buenos Aires hasta las verdes pampas argentinas, desde Tierra del Fuego hasta los Andes, sacerdotes y religiosas croatas han acompañado durante décadas a sus compatriotas emigrados, ayudándolos a conservar la fe y a encontrar su lugar en su nueva patria. 


Uno de los lugares donde la presencia croata dejó una profunda huella es Dock Sud, un barrio de las afueras de Buenos Aires donde las Hermanas de la Caridad de Zagreb desarrollan su labor desde 1934. 


Las religiosas croatas que transformaron un barrio argentino 


Las Hermanas de la Caridad llegaron a Argentina el 30 de julio de 1934, por invitación del franciscano Leonardo Rusković. Su misión inicial consistía en ayudar a los emigrantes croatas a conservar su fe, pero pronto comprendieron que también necesitaban educación, trabajo y condiciones básicas para vivir. 


«Las hermanas vieron las necesidades y decidieron quedarse aquí porque, como religiosas que dedican su vida a los más necesitados, comprendieron que este era precisamente su lugar», explica la hermana Marija Edita Lukić. 


En aquella época, Dock Sud era muy diferente del barrio actual. En lugar de calles pavimentadas había caminos de tierra, terrenos pantanosos y viviendas humildes construidas con madera y planchas de metal. 


Las religiosas comenzaron a reunir a los niños para enseñarles a leer y escribir, mientras ayudaban a las madres que debían salir a trabajar. Al mismo tiempo, buscaban empleo para los inmigrantes croatas. 


«Muchas hermanas contaban que esperaban a nuestros compatriotas cuando llegaban en barco y luego recorrían panaderías, carnicerías y otros negocios para conseguirles trabajo», recuerda la hermana Marija Samuela Vilenica. 


Una escuela construida sobre un pantano 


A pesar de la pobreza y las difíciles condiciones, las religiosas no abandonaron su proyecto. El 26 de diciembre de 1935 se colocó la primera piedra de la escuela, que comenzó a funcionar en 1936. 


Sin embargo, la vida en Dock Sud presentaba numerosos desafíos. Debido a la cercanía del Río de la Plata y a las frecuentes inundaciones, el agua ingresaba a las aulas y los muebles escolares terminaban flotando. 


«En nuestro archivo encontré fotografías de cuatro hermanas recorriendo las calles de Dock Sud en un bote a remos», cuenta la hermana Samuela. 


Noventa años después, donde antes había terrenos pantanosos se levanta un gran complejo educativo, que cuenta con una escuela, un salón de teatro y la iglesia de Cristo Rey. 


La huella croata es tan significativa que una calle recibió el nombre de Pasaje Hermanas de la Caridad de Zagreb. En homenaje a las religiosas, los estudiantes también pintaron un mural inspirado en la famosa fotografía de los Beatles cruzando una calle. 


De nieto de un emigrante croata a portavoz de la Iglesia argentina 


Otro vínculo especial entre Croacia y Argentina lo representa el sacerdote Máximo Jurčinović, portavoz de la Conferencia Episcopal Argentina. 


Su abuelo fue uno de los numerosos emigrantes croatas que llegaron en barco a Sudamérica en busca de seguridad y oportunidades laborales. 


«Mi abuelo abandonó su patria, al igual que muchos de sus compatriotas que llegaban aquí debido a las guerras o en busca de trabajo. La mayoría de los croatas que emigraban eran personas acostumbradas al trabajo duro y a los grandes esfuerzos. Para nosotros, nuestros antepasados son sumamente importantes», destaca Jurčinović. 


Aunque en su juventud soñaba con convertirse en periodista deportivo, la vida lo condujo al sacerdocio. Sin embargo, su pasión por los medios de comunicación permaneció y actualmente desempeña una importante función en la comunicación de la Iglesia argentina. 


Jurčinović también ha visitado Croacia y recuerda especialmente la calidez de su gente. 


«Me sorprendió gratamente la amabilidad de las personas, su trato hacia los demás y su sentido del humor. Nosotros, los croatas, no somos fríos. En nuestras relaciones con las personas no existe esa distancia ni una formalidad excesiva», recuerda. 


El papa Francisco transformó la comunicación de la Iglesia 


La Conferencia Episcopal Argentina, donde actualmente trabaja Jurčinović, mantiene un vínculo especial con el papa Francisco, quien la presidió antes de partir hacia Roma. 


Al referirse a su pontificado, Jurčinović destaca que Francisco cambió la manera en que la Iglesia se comunica con el mundo. 


«Creo que el papa Francisco devolvió a la Iglesia un lugar entre los grandes temas que se debaten en el mundo. Lo consiguió especialmente no tanto con palabras, sino con gestos. Creo que esa fue precisamente su gran revolución», señala. 


También recuerda que Francisco, cuando era arzobispo en Argentina, tenía una personalidad mucho más reservada que después de su elección como pontífice. 


«Francisco fue una verdadera sorpresa para muchos, porque aquí en Argentina no era así. Cuando llegó a Roma, comenzó a mostrar una manera diferente de relacionarse con las personas y un enfoque distinto de su labor pastoral», explica. 


Una misión que continúa hasta nuestros días 


Aunque las generaciones de emigrantes croatas han cambiado y sus descendientes hablan mayoritariamente español y forman parte de la sociedad argentina, la labor de las religiosas croatas no se ha detenido. 


La hermana Marija Samuela Vilenica actualmente enseña religión, pero su trabajo va mucho más allá de las aulas. Una de las experiencias que más la conmovió fue la visita a un hombre gravemente enfermo que vivía en condiciones extremadamente humildes. 


«No pidió dinero ni ninguna ayuda extraordinaria. Simplemente me dijo: “Hermana, gracias por venir a verme y escucharme”. Creo que esa es la respuesta a la pregunta de por qué vine aquí. Esa es la misión y la vocación que Dios tenía para mí», relata la hermana Samuela. 


La historia de las religiosas croatas en Argentina da testimonio de generaciones de personas que, lejos de su patria, ayudaron tanto a sus compatriotas como a todos aquellos que necesitaban apoyo. 


Casi un siglo después de la llegada de las primeras hermanas, su legado continúa vivo a través de la escuela, la fe, la educación y la atención cotidiana a los más necesitados. 


Las huellas croatas en Argentina no han desaparecido. Simplemente, como concluye Matija Jerković, han cambiado de forma con el paso de las generaciones. 

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