Dejaron atrás su vida en California, en la bahía de San Francisco, para instalarse en la Riviera de Opatija. Rose Markotić, estadounidense de raíces croatas, y su esposo Giovanni Valdenegro se mudaron a Croacia hace un año junto con sus dos hijos. La seguridad, la educación de los niños y el sentido de pertenencia a una comunidad fueron decisivos. Aunque Estados Unidos les ofreció numerosas oportunidades profesionales, están convencidos de que Croacia es el mejor lugar para criar a sus hijos y comenzar una nueva etapa familiar.
Croacia siempre formó parte de su vida
Rose Markotić creció en Chicago, una ciudad que alberga una de las comunidades croatas más antiguas y numerosas de Estados Unidos. Su padre emigró en 1970, pero el idioma, las tradiciones y las costumbres croatas siguieron formando parte de la vida familiar.
Rose recuerda que creció rodeada de la comunidad croata, asistiendo a una iglesia católica croata, aprendiendo el idioma y compartiendo las tradiciones familiares. También escuchaba a su padre comunicarse en croata con sus parientes, lo que fortaleció su identidad.
Su esposo, Giovanni Valdenegro, nació en Rímini, Italia, y se trasladó a Estados Unidos cuando era adulto. Visitó Croacia por primera vez en 2008 y estableció un vínculo especial con el país gracias a la familia de Rose, a la que describe como personas generosas y acogedoras.
La muerte de su padre lo cambió todo
La pareja llevaba años considerando mudarse a Europa. Rose obtuvo la ciudadanía croata en 2019 y compraron un terreno en Brela, con la idea de construir algún día una casa de vacaciones.
Sin embargo, durante la pandemia, el padre de Rose enfermó de cáncer y falleció en 2023. Su pérdida la llevó a replantearse las prioridades de la familia y a tomar la decisión de mudarse sin seguir postergándola.
La posibilidad de que sus hijos crecieran en un entorno seguro, rodeados de una comunidad cercana y conectados con sus raíces familiares, convirtió a Croacia en la opción natural.
Una escuela internacional fue decisiva para elegir Opatija
La educación de sus dos hijos fue una prioridad al decidir dónde establecerse. Después de considerar diferentes regiones de Croacia, la pareja eligió Opatija e Ičići al encontrar una escuela internacional que respondía a sus expectativas.
El establecimiento, dirigido por Marijeta Mašić, ofrece el programa de Bachillerato Internacional (IB). Según su directora, es la primera y única escuela de Croacia reconocida como IB Continuum School, lo que significa que imparte programas educativos desde los tres años hasta el final de la enseñanza secundaria.
La escuela comenzó a funcionar hace tres años con apenas 13 alumnos y actualmente cuenta con aproximadamente 120 estudiantes de más de veinte nacionalidades y lenguas diferentes, procedentes de países como China, Tailandia, Australia, Brasil y Estados Unidos, además de distintas naciones europeas. Todos los alumnos también aprenden croata.
De California a Ičići: los niños vuelven a jugar en el vecindario
Además de la educación, Rose y Giovanni valoran especialmente la vida cotidiana en la Riviera de Opatija.
Sus hijos crecen en un vecindario donde pueden reunirse libremente con sus amigos, jugar en los jardines y visitar las casas de otras familias.
Rose cuenta que sus vecinos se han convertido en amigos y que los niños pasan gran parte del tiempo jugando juntos. En el barrio también viven familias llegadas de Estados Unidos, Alemania, Ucrania y Rusia, lo que ha facilitado su adaptación.
La vida escolar y las numerosas actividades deportivas y recreativas también han contribuido a que sus hijos disfruten de su nueva vida en Croacia.
«California nos ofreció una carrera profesional; Croacia, la vida que queremos»
Aunque algunas personas se sorprendieron cuando decidieron abandonar California, Rose está convencida de que eligieron el camino adecuado para su familia.
Estados Unidos les brindó oportunidades de desarrollo profesional, pero en esta etapa de sus vidas consideran más importantes la seguridad, la vida en comunidad y las condiciones para la crianza de sus hijos.
Rose destaca que California fue muy positiva para sus carreras, pero que Croacia representa el mejor lugar para vivir en este momento y alcanzar sus objetivos familiares.
Para esta familia estadounidense de raíces croatas, el traslado significó mucho más que un cambio de domicilio. Fue una manera de recuperar su herencia familiar, cumplir un sueño de muchos años y permitir que sus hijos crecieran en un país que siempre había formado parte de la identidad de su madre.