La Voz de Croacia

12:58 / 24.09.2021.

Autor: David Rey

Sentí muchas emociones en la casa de mi padre

Kruskaya Rendić – ciudadanía croata

Kruskaya Rendić – ciudadanía croata

Foto: osobna arhiva/archivo personal / ustupljena fotografija

 “Desde hoy la tierra de su padre es su tierra también” - me dijo el funcionario de la Embajada, cuando recibí la ciudadania croata.


- Soy Kruskaya Rendić Alviña, chilena hija de inmigrante croata. Mi padre Lovre Rendić Kolimbatović emigró desde Supetar, Brač, el año 1935, dejando en la isla a sus padres, dos hermanos y una hermana. Él llegó a Punta Arenas, donde ya estaba su hermana mayor y la hermana de su padre.


Al fallecer el esposo de su tía y su hermana contraer matrimonio y emigrar a Tierra del Fuego, Argentina, mi padre se trasladó hacia el norte de Chile, estableciéndose por un tiempo entre Ovalle y Valparaíso y dedicándose al comercio y la minería.


En 1942, al asistir a un evento hípico, el derby de Viña del Mar, conoció a una bella joven hija de españoles, Edith Alviña Maureira. con quien un par de años más tarde contraería matrimonio. Un año después llegó a Chile su hermana y un hermano que habían quedado en Croacia - dice Kruskaya Rendić.


Años más tarde la familia Rendić se trasladó a Santiago de Chile.


- Mi padre se hizo cargo de la concesión del Hogar Yugoslavo. Ahí llegaban innumerables croatas recién llegados al país, a la espera de conseguir documentación y trabajo. Pasaban varios días ahí, y en ocasiones semanas, hasta tomar rumbo a sus destinos.


En esa casa que conciderábamos territorio croata, nací yo. Luego mi padre adquirió la concesión de uno de los dos hoteles más grandes de Santiago por esos años, el hotel Crillón en pleno centro de la ciudad. Él estaba muy feliz con este nuevo desafío.


Desgraciadamente falleció unos meses más tarde, a sólo tres días de cumplir 50 años. Mi padre siempre añoró y amó su patria, a la cual nunca pudo regresar. Sus padres habían fallecido un año antes que él - señala la chilena de origen croata.


Kruskaja en Supetar - la casa de los abuelos

Kruskaja en Supetar - la casa de los abuelos

Foto: Kruskaja Rendić / osobna arhiva/archivo personal/ustupljena fotografija

Kruskaya Rendić y sus hermanos crecieron escuchando a sus tíos y primos hablar y cantar en croata.


- Sólo aprendimos palabras sueltas, porque es un idioma difícil, pero no imposible. Siempre tuve ese interés por saber y conocer más sobre nuestras raíces, pero en esos años era difícil, no existía la comunicacion de hoy. En casa de mis tíos siempre habían revistas croatas y siempre llegaba mucha gente de la colectividad croata. Yo miraba esas revistas y los escuchaba a ellos hablar con mucha atención.


Estoy casada, tengo dos hijas y seis nietos. Siempre estuve ligada al comercio, por muchos años tuve una cafetería en Providencia y una franquicia de una pastelería alemana, la cual terminó en el año 2015.


Ya con más tiempo libre comencé a buscar en internet vídeos, reportajes y todo lo relacionado con Croacia. Encontré también un curso para aprender croata, lo cual me sirvió bastante de base. Y comencé a asitir a algunos eventos de la colectividad croata - destaca Kruskaya Rendić.


Lovre Rendic y familia

Lovre Rendic y familia

Foto: Kruskaya Rendic / archivo personal

Luego realizó un viaje a Croacia, donde visitó la casa paterna.


- Cuando pensé que ya podía viajar y que podía desenvolverme sin tener grandes problemas, dije: Croacia, allá voy. Estuve un mes, disfruté de ese viaje como ningún otro viaje que he hecho en mi vida. Visité Zagreb, Split, Supetar. Estuve en casa de mis abuelos con mis primos, con los que siempre mantuvimos comunicacion, aunque esporádicamente, a pesar de la distancia y del idioma. Esa era una gran barrera, pero igual lo hacíamos. Hoy en día nuestra comunicacion es muy seguida.


En ese viaje sentí muchas emociones al estar en el patio de la casa de mis abuelos y pensar que mi padre había corrido por ahí, al caminar por sus callesitas angostas y empedradas. Una tarde, al llegar a una plaza chiquita y ver a unos abuelos jugar bochas, me hizo recordar el tiempo en el Hogar Yugoslavo, se me erizó la piel.


Al igual que cuando recibí mi ciudadania croata y el funcionario de la Embajada me dice: “Desde hoy señora Kruskaya Rendic usted es ciudadana croata y la tierra de su padre es su tierra ahora también”. Son emociones muy grandes y muy difícil de describir. Puede ser que con razón dicen que la sangre no es agua.


Me sentí en Croacia como si hubiera vivido toda la vida ahí, me sentí a gusto, la gente me trató muy bien. A mi regreso seguí buscando información, asistiendo a algunas reuniones de la comunidad croata - concluye la chilena Kruskaya Rendić, hija de inmigrante croata.


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