Foto: Micaela Liwko Mileta Foto: Micaela Liwko Mileta

- El año pasado quedé varada junto a mi novio en Split, ciudad donde nació mi abuela al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, ya que no pudimos volver a Argentina por el cierre de las fronteras. Llegamos a Croacia para conocer a mi familia, pero no solamente a los parientes de mi abuela sino también a los parientes de mi abuelo Srećko Mileta, quien nació en Bolivia pero también era hijo de un inmigrante croata oriundo de Pitve, en la isla de Hvar.

Mi abuelo, al igual que sus siete hermanos, nació en Bolivia en un pequeño pueblo llamado Samaipata. Su padre Srećko Mileta decidió establecerse allí en 1928, ya que pensaba que Samaipata era como su Pitve natal, pero que “sólo le hacía falta el mar”. Luego de cruzar el océano Atlántico llegó a Chile y pasó a Bolivia. Pero no fue hasta que recibió una invitación para construir puentes en el pueblo, que se asombró de Samaipata. Llegó a ser alcalde, plantó vides y elaboró vinos, pero el legado más importante que dejó en Samaipata fue popularizar el chancho al palo, plato típico de la gastronomía croata que hoy en día es reconocido como plato típico de Samaipata. La receta se ha transmitido de generación en generación y hoy en día mis tíos siguen con esta tradición - destaca la joven argentina Micaela Liwko.

Su abuelo Srećko Mileta tenía el mismo nombre que su bisabuelo. Realizó estudios universitarios en la ciudad de Córdoba, Argentina, donde se recibió de médico anestesista.

- Durante su época de estudiante, mi abuelo vivía en una habitación que le alquilaba un señor, quien junto a su familia había inmigrado desde Postira, en la isla de Brač, al finalizar la Segunda Guerra mundial. Ese señor era mi bisabuelo Stanko Škarić, padre de mi abuela Ivana.

Con sólo unos pocos años de edad mi abuela, su madre y su hermano mellizo abandonaron Croacia en un tanque de guerra con pasaportes de la Cruz Roja, durante la ocupación nazi, para esperar en Italia a su padre Stanko, ya que no tenían la certeza si él volvería de la guerra. Partieron a Génova, donde se encontraba la familia de la madre de mi abuela. Cuando finalmente se pudieron reencontrar, se despidieron de sus padres, hermanos, tíos y primos en el viejo continente.

El año 1947 la familia Škarić partió a América del Sur para empezar una nueva vida.

- Arribaron al puerto de Buenos Aires, siendo su destino final la ciudad de Cochabamba, Bolivia, donde los esperaba un primo que les había recomendado que se establecieran allí. Pero al cabo de unos años, luego de probar suerte junto a este primo, decidieron trasladarse a Córdoba, Argentina.

Brač, Postire

Micaela Liwko Mileta

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A los 19 años mi abuela Ivana fue de vacaciones a visitar por unos meses a sus familiares en Croacia, pero se quedó a vivir en su tierra natal por casi diez años. Cuando regresó a Argentina, encontró que en su casa estaba alquilando una habitación un estudiante de medicina, boliviano descendiente de croatas, mi abuelo Srećko Mileta. Mi madre es descendiente de croatas por parte de madre y de padre, podría decirse que casi por casualidad.

En vez de unos días, Micaela se vio obligada a permanecer algunos meses en Croacia. Pero se siente muy orgullosa de haber conocido la patria de sus ancestros.

- Para mí es una gran alegría haber podido estar en Croacia, aunque mis planes para volver a Argentina hubieran cambiado constantemente durante los cinco meses que estuve allí. Las primas de mi abuela nos alojaron primero en Split y luego en Brač.

En esta oportunidad pude conocer Postira, en la isla de Brač, donde nació mi bisabuelo Stanko Škarić. Las ventanas pintadas de verde me recordaron cómo me describía mi abuela las casas típicas croatas. Fue muy emocionante haber podido estar ahí junto con mis tíos. También conocí la casa de mi bisabuelo Srećko Mileta en Jelsa, en la isla de Hvar. Esta visita fue más breve, pero igual de emocionante, donde pude conocer a mis familiares Mileta con quienes compartí unos momentos muy agradables.

Estar en Croacia me ayudó a comprender por qué a mi abuela le gusta tanto ir a tomar café o por qué a mi bisabuela la llamábamos nona (y no nonna, como en italiano). Todavía me queda pendiente ir a Pula, pero será un destino a incluir en el próximo viaje. Por suerte, en este contexto, pude volver a Argentina para estar cerca de mi abuela Ivana, tomando café en casa mientras continuamos pasando clases online de idioma croata y charlamos sobre nuestras experiencias de viaje. Les mando un beso grande - concluye Micaela Liwko Mileta, joven argentina de raíces croatas.