Portada del libro (Foto: Screenshot) Portada del libro (Foto: Screenshot)

La mencionada Podgora, a los pies del Biokovo, en los siglos XIX y XX contaba con un promedio de 1500 habitantes, y era uno de los lugares más poblados en los que vivían croatas. La autora se dedicó a este tema desde su juventud, y en el libro sigue la vida y la creación de los habitantes de Podgora que emigraron durante varios siglos, desde el descubrimiento del Nuevo Mundo hasta la movilidad contemporánea, hacia Argentina, EE.UU., Canadá y Nueva Zelanda.

 "Dediqué este libro a mis abuelos, quienes debieron despedirse de sus cinco hijos -cuatro hijos y una hija-, tres nueras y tres nietos, y nunca más los vieron. Esta situación se vivió casi en cada familia, en el 98% de las familias de Podgora. Se trata de 57 generaciones, lo que equivale a cerca de 200 familias. De cada familia partieron de 1 a 10 emigrantes. Y, de alguna manera, primero fui en su busca, y luego lo dediqué todo a ellos, a los que se fueron, los que sufrieron, a los que les fue difícil, a los que trabajaron", - dice Smiljana Šunde.

 A lo largo de su vida, la autora se dio a la búsqueda de cada parte de su familia.

 "Viví con eso desde pequeña, crecí en ese ambiente, y nada de esto me es desconocido. Estuve preparando este libro durante unos cuarenta años, pero en un principio no pensé que sería así sino que terminaría siendo una novela, un tipo de saga. Al final, decidí que fuera así, porque pensé que más tarde podría cambiar algo. Fue así, algunas veces trabajaba menos, otras más y, por supuesto, paralelamente hacía todo lo demás, mi trabajo como periodista, y todas las otras cosas sobre las que investigaba, relacionadas con otros libros. Cerca del 80% del material de archivo se encuentra en este libro. En realidad, recorrí todos los archivos, visité a las familias, y esto es algo que no existe en los archivos. Busqué fotografías, cartas, testamentos, algunas recomendaciones, solicitudes, todo lo que me podían brindar las familias. Y como conozco bastante Podgora, cuya mayoría de habitantes se fue a Nueva Zelanda, sabía aproximadamente qué puedo encontrar en lo de cada familia. Porque hay familias que ya no están, no existen más, se fueron todos los hijos varones y las hijas mujeres. Había familias con 7, 8, 9 hijos, y todos se fueron, no hay nadie más, no tienes a quién preguntar. Entonces hablé con los vecinos que recordaban algo, y en base a eso iba al archivo".

 Este libro, junto con los numerosos documentos y fotografías, es muy interesante porque contiene un glosario especial del habla de Podgora y su traducción al inglés, incluyendo el sintagma del título „Batili su ocean“ con el que los los oriundos de Podgora definían su sufrida navegación y el trabajo en sus destinos transoceánicos, como lo fueron los campos de goma de kauri en Nueva Zelanda, destaca Šunde.

 "El libro tiene 830 páginas de las que una pequeña parte, tal vez menos del tercio, probablemente del cuarto, tiene historias que son verdaderas. Son anécdotas sobre la gente que emigró o sobre sus familias que se quedaron aquí. Y como todos ellos hablan de una manera especial, con un idioma local, expliqué esas palabras,  no tan conocidas, y también aquellas del inglés transformadas al croata.

El clásico ejemplo: ringati (to ring) – telefonear, vokiti (to walk) – caminar, išla sam u svoju voku – es decir, salí a pasear, uzela sam šavor (to shower) – me di una ducha. Y cosas similares, no puedo recordarlas ahora (ríe). Así que también están estas palabras, pero no es un diccionario especial sino que solo hace referencia a palabras del libro y que el lector común no puede entender".

Para todos aquellos que planean irse de su patria y piensan que la vida es mejor en otro lugar, la autora les deja una reflexión final. 

 "Quiero decir que toda la gente que conocí, incluso mientras estuve en Nueva Zelanda y que conozco desde hace años, cuyos descendientes parten masivamente hacia Nueva Zelanda, lamentan el haberse ido. Cada uno de ellos. No conocí a nadie que no haya dicho que no le importa. Todos se enriquecieron, tenían tanto que no sabían cuánto y qué tenían, pero eran infelices por no estar en su terruño, en su país. Y creo que los jóvenes de hoy, y todos aquellos que emigran, dicen pensar en su futuro. Sí, piensan en su futuro y en ellos mismos hoy, pero no piensan en sus hijos en el futuro, en sus nietos, y no piensan cómo se sentirán entonces. Hablé con cientos y cientos de niños nacidos en la emigración y todos lo lamentan porque – como ellos mismos dicen – no se sienten ni ingleses ni croatas. Es decir, aquí perdieron sus raíces y allí no las tienen porque, aunque no hayan sido ellos los que emigraron, lo hicieron sus padres y entonces a ellos les queda una llaga, son hijos de un extranjero, su padre es extranjero. Y eso es difícil de sobrellevar. Lo vi y lo sentí en mucha gente".

 Autoras: Maja Raguž y Antonija Tomičić.