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- Nací en la ciudad de Santa Cruz en Bolivia y soy ciudadana croata. Mi abuelo Milivoj Cezareo y mi abuela Anka Vidoš emigraron de su pueblo natal Kuna, en la península de Pelješac, en la década de 1920. Primero llegaron a Chile y luego a Bolivia, donde establecieron una familia.

Por esa época la comunidad croata en Bolivia era bastante grande, mi abuelo fue durante algún tiempo el presidente del Club Croata de Cochabamba, donde se llevaban a cabo las reuniones y se cultivaban la cultura y las costumbres croatas. Por lo tanto, el amor por la patria se transmitía a las nuevas generaciones.

Cuando yo era pequeña esas reuniones eran bastante frecuentes. Recuerdo que a mi abuela le encantaba recitar canciones de poetas croatas y se sentía muy orgullosa de su origen croata. Logró transmitir ese amor a sus hijos, especialmente a mi madre.

Después de la muerte de mi abuelo, mi madre decidió cumplir el deseo de mi abuela e irse a vivir a Croacia, lo cual logró realizar a fines de 2000 cuando nos trasladamos juntas a  Opatija. Entonces yo tenía 12 años. En esa ciudad cursé los dos últimos grados de la escuela primaria y toda la escuela secundaria.

El cambio, por supuesto no fue fácil. Me tomó tiempo acostumbrarme a un nuevo lugar, una nueva escuela, un nuevo idioma, nuevos amigos. 

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Llegaron a Zagreb en diciembre y permanecieron allí unos días.

- Luego nos fuimos a Opatija, pero la Navidad y el Año los pasamos Nuevo en Trpanj, un pequeño pueblo cerca del lugar de nacimiento de mi abuela, donde entonces vivía su hermana. En invierno Trpanj es un lugar desierto, pero en verano florece. Esto es algo común en las ciudades croatas, pero para mí, que hasta entonces vivía en una ciudad grande, fue una novedad. Tampoco estaba acostumbrada al frío, porque Cochabamba es una ciudad que tiene un clima templado todo el año.

La televisión tenía solo 3 programas y en ellos casi nunca había dibujos animados. En esos años se empezaron a emitir telenovelas mexicanas que nunca me gustaron, pero mi tía las veía casi ritualmente al mediodía. Yo entonces entendía bastante bien el idioma croata, porque mi abuela y mi madre lo hablaban ocasionalmente cuando vivíamos en Bolivia, pero no lo hablaba todavía. A pesar de eso, no me aburría. Mi tía me enseñó a tejer pantuflas, dibujaba mucho y paseaba por la costa. Era la primera vez que veía el mar y antes de acostarme escuchaba las olas chocando contra las rocas. Todo era muy bonito.

A principios del 2001, empecé a asistir a la escuela primaria en Opatija. Estaba en curso el segundo semestre del año escolar, así que me puse en camino lentamente, como oyente, para adaptarme al nuevo entorno y aprender el idioma. Es decir, entonces en Opatija no había ningún profesor de lengua croata que supiera español, por lo que no había posibilidad de inscribirse a un curso. 

Aprendió el idioma croata por su cuenta, mientras lo escuchaba en la escuela.

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- Yo era muy joven, lo entendía bastante antes de ir a Croacia, pero era muy tímida. Así que me tomó 6 meses para comenzar a hablarlo con fluidez, lo que hice justo antes de empezar formalmente el séptimo grado. Cuando llegaba a la escuela, recuerdo que algunos niños me decían frases de las telenovelas, lo que me hacía reir.  Inmediatamente me presentaron a dos chicas que vivían en el mismo barrio que yo, para que me ayudasen a adaptarme. Esas fueron mis primeras amigas con las que jugaba todos los días en el estacionamiento del barrio.

Sólo más tarde me di cuenta de la gran ventaja que supone poder jugar libremente en las calles allí. El barrio de Tošina, donde vivía, tiene grandes áreas verdes donde los niños pueden jugar y correr libremente, a diferencia de Cochabamba donde el tráfico es tan caótico que los niños ya no van a la calle. Pero pronto me gustó mi nuevo hogar. Aunque por supuesto hubo momentos difíciles, pero las ricas experiencias quedaron atrás.

Después de la escuela primaria en Opatija, me inscribí en la escuela secundaria, en la sección de idiomas. Hoy puedo decir que sin duda este fue el período más hermoso de mi vida allí. Fui una alumna excelente y tenía extraordinarias amigas, con las que todavía nos escribimos y escuchamos casi todos los días. Opatija es una ciudad hermosa y el aire huele a flores, sin exagerar. La vida allí es tranquila. Admiré las maravillosas puestas de sol desde el balcón de mi departamento en Tošina.

Después de terminar la escuela secundaria, decidí probar suerte en Zagreb con mi mejor amiga. Aprobé el examen de ingreso en la Facultad de Arquitectura y me trasladé a la residencia estudiantil. Zagreb es una ciudad mucho más dinámica, llena de eventos culturales y perfecta para la vida estudiantil. Pasé los siguientes 6 años allí utilizando el tranvía como transporte público, viendo obras en los teatros y paseando por el terraplén del río Sava.

La Facultad de Arquitectura era muy exigente y fue un gran desafío para mí, pero estoy agradecida por todo lo que aprendí allí. 

Y finalmente, después de 13 años en el país de sus abuelos, tomó la decisión de regresar a Bolivia.

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- Mi novio entonces, ahora mi esposo, estudiaba medicina en Cochabamba. Mantuvimos una relación a distancia durante 3 años antes de que terminara mis estudios. Por otro lado, todo el tiempo que pasé en Croacia estuve vinculada con Bolivia. Cada dos o tres años venía durante las vacaciones de verano. Mi padre todavía vivía en Santa Cruz, adonde iba a visitarlo. Por todo esto, el retorno me pareció una decisión lógica.

Pero, nuevamente, no fue nada fácil irme de Croacia. Dejé allá a mis mejores amigas, el mar, hermosos paisajes y todo lo que me gustaba en los años que viví allí. Siempre he afirmado y sigo afirmando que es difícil tener dos hogares, especialmente cuando están tan alejados el uno del otro.

Lo bueno, sin embargo, es que hace dos o tres años, la comunidad croata comenzó a despertarse nuevamente en Cochabamba, y que los descendientes de los croatas que emigraron hace tanto tiempo comenzaron a mostrar interés por sus raíces croatas. Entonces mi madre empezó a enseñar el idioma croata y yo ayudaba a los que preparaban el examen para la ciudadanía croata, que hasta hace poco era una condición para adquirirla. Tenía tres grupos con más de 10 alumnos que querían solicitar la ciudadanía, así que trataba de transmitirles un poco la cultura croata y el idioma y presentarles el país de sus antepasados.

Antes de esta cuarentena, nuevamente empezaron a realizarse ocasionalmente las reuniones de la comunidad, celebramos las victorias de Croacia en el Campeonato Mundial de Fútbol, se organizaban encuentros en los que se preparaban platos típicos de la gastronomía croata. Cada año son más los bolivianos croatas que postulan al Croaticum y solicitan la ciudadanía croata para buscar la felicidad en la patria abandonada hace mucho tiempo.

Espero que después de esta pandemia la comunidad siga trabajando y que en el futuro se vuelva a escuchar el idioma croata, dentro y fuera del club croata - enfatiza Ana Pol Cezareo, arquitecta boliviana de origen croata.