Carmela Herrera en Zagreb con sus hijos Karen y Adrian (foto: archivo personal) Carmela Herrera en Zagreb con sus hijos Karen y Adrian (foto: archivo personal)

- Soy descendiente croata de tercera generación, mi abuelo Jure Lončarić nació en Croacia, en Selce, el año 1888. Cuando tenía apenas 16 años tomó la valiente decisión de emigrar a Sudamérica con la esperanza de forjarse un futuro mejor y contribuir desde esas lejanas tierras con el progreso de la familia. En 1904 se embarcó juntamente con su hermano Petar y otros parientes y muchos compatriotas que llegaron a Perú, Argentina, Paraguay y Bolivia.

En una celebración de carnavales una joven le lanzó un globo de agua que le impactó más que en el cuerpo, en su corazón. Siempre recordaba que ese día dijo “con esa dama me voy a casar”, y así fue Tiempo después radicaron en la ciudad de Huancayo, donde se desarrolló como empresario de uno de los mejores hoteles de su época, el Gran Hotel Colón.

Mi madre Zoila Rosalía Loncharich Zúñiga fue la hija mayor. La familia superó muchas dificultades pero también mostraba generosidad compartiendo con los más necesitados, en apoyo social permanente como les dictaba su fe católica. En las vacaciones de verano la familia se desplazaba a Lima para disfrutar de la playa y los amigos de su tiempo - expresa Carmela Herrera

Sus padres decidieron radicarse en Lima.

- Mi madre recuerda la enorme alegría que produjo cuando recibieron la noticia del fin de la guerra y fue motivo de gran algarabía y celebración de todos los paisanos, bailaron, cantaron y brindaron como una sola familia en las instalaciones de su hotel. Posteriormente algunos de sus paisanos regresaron a Croacia. Mi abuelo no pudo regresar por las raíces que ya había formado en Perú, sin embargo, un pedazo de su alma todavía lo inquietaba desde Selce. Falleció en 1963. 

Se dice que no es importante de dónde vienes sino hacia dónde vas. Me pregunto qué opinaría ahora mi abuelo de esta expresión y en verdad no lo sé porque todo es relativo. Es difícil la vida del migrante que termina con el corazón dividido entre dos patrias, dos culturas, sintiendo que ya no pertenece a ninguna porque se adaptó.

Yo nací con esa añoranza de una tierra desconocida, con el sentimiento de un corazón dividido, con el llamado silencioso de una tierra lejana y un sentimiento diferente y desconocido, hasta que la patria de mi abuelo en 2014 vibró más fuerte para mí y nos encontramos en una misma frecuencia y así pude finalmente sentir completa mi alma. Desde niña soñaba con una ciudad diferente entre castillos y un mar hermoso que no había visto jamás - enfatiza la abogada peruana. 

Conocieron al cónsul honorario de Croacia en Perú, quien les proporcionó más información sobre Selce.

- Y así en los años 80 conectamos con la comunidad de descendientes croatas en Perú, conocimos a los miembros del Club Dubrovnik y la vicaría croata que guía el monseñor Drago Balvanović. Tramité mi ciudadanía y luego el pasaporte y busqué conectar con mis raíces.

En Lima con le monseñor Drago Balvanovic (foto: archivo personal)

No recuerdo cómo tomé conocimiento de las becas del Croaticum para los descendientes croatas y no dudé ni un segundo cuando vi mi nombre en la lista de beneficiados. Elegí la ciudad de Rijeka para aprender el idioma y conectar con la cultura, porque estaba cerca de Selce y mi objetivo paralelo era encontrar la familia que quedó atrás en la historia de mi abuelo.

Disfruté mucho ese encuentro conmigo misma, renaciendo sumergida en el hermoso Adriático, conectando con mis raíces y nutriéndome de la buena vibra de su gente. Encontré peruanas casadas con croatas y más que nunca me sentí como en casa, mis amigas croatas son también como hermanas de toda la vida. Fue difícil aprender el idioma - destaca la peruana croata. 

En 2016 la señora Carmela Herrera decidió regresar a visitar Selce con sus hijos.

- Volví a visitar al tío Petar y su familia, primo de mi madre, a quien logré contactar después de meses de búsqueda en iglesias y registros municipales. Mucha gente me ayudó a armar un rompecabezas histórico. Tío Petar me contó que mi abuelo enviaba remesas en dólares a Selce en tiempos de guerra y de alguna manera eso ayudó a activar la economía allí. También contacté con los descendientes de su primo Ivan Loncharich Papić, quien fundó el primer periódico en la ciudad, muy culto escritor, periodista, pintor. La biblioteca de la ciudad contiene muchas de sus obras, que al ser visitada fui recibida con gran honor y recibí de obsequio una de sus obras.

En Selce (foto: archivo personal)

Mis hijos comparten este sentimiento de amor que me cuesta describir y conectaron inmediatamente con esa energía de afinidad. Mi hija Karen, que ahora vive en España y pertenece a la comunidad croata de Madrid, vuelve en sus vacaciones a disfrutar de diversas ciudades de Croacia. Mi hijo Adrián fue beneficiado en 2019 con la beca del Croaticum. Se conectó con la familia y amigos de nuestra segunda patria y con esta crisis sanitaria ha permanecido en la ciudad de Rijeka, donde está desarrollando su espíritu croata más que nunca y creando fuertes lazos con nuevas amistades y nuevas oportunidades.

Desde Lima, Perú, comparto este sentimiento que probablemente haga eco en algunos de ustedes, hermosa comunidad croata de Sudamérica, con la certeza que compartimos un mismo corazón y la necesidad de fortalecernos. Ahora más que nunca que las circunstancias a nivel mundial se muestran adversas, recordemos que cada tiempo plantea diferentes retos y nosotros tenemos la fortaleza y la energía de superarlos, de adaptarnos y seguir perseverantes escribiendo nuevos capítulos de una historia sin fin - afirma la señora Carmela Herrera Loncharich, abogada peruana de origen croata.