Bárbara Fertilio Galecio (Foto: archivo personal) Bárbara Fertilio Galecio (Foto: archivo personal)

- Actualmente hay muy pocos Fertilio en el mundo, no somos más de 40 y la gran mayoría viviendo en Chile y muy pocos en Croacia. Mi abuelo paterno nació el año 1904 en Nerežišće, en la isla de Brač, donde la familia se dedicaba al cultivo de la vid. Estudió ingeniería química en Zagreb y Viena. A sus 25 años se vino a Chile en barco desde Génova el año 1929. Fue contratado para trabajar en la Liverpool Nitrate Company en las salitreras cercanas a Antofagasta e Iquique, cuyo principal ejecutivo era Don Pascual Baburizza. Su escaso castellano lo hacía gesticular mucho, lo que hizo que una máquina moledora de salitre le desgarrara una mano. El accidente, la soledad y la posterior depresión económica del año 30, lo trajo a Santiago, donde continuó su tratamiento médico, cuidado esmeradamente por una enfermera, que terminaría siendo mi abuela - enfatiza Bárbara Fertilio

Una vez recuperado, su abuelo se radicó en Santiago de Chile: - En 1947 logró traer a sus padres y a dos de sus hermanos, lo que sumado a su nacionalización el año 1946 y al nacimiento de mi padre, lo afincó definitivamente en Chile. En los años 1936/37 fue muy activo como secretario del Hogar Yugoslavo de Chile. Sus amigos eran croatas, la mayoría de Brač: los Krstulović, Bulat, Baković, Zuvić, Yukić y sobre todo la familia Petrić.

"Domovina" (Foto: archivo personal)

- Recién en el año 1967, pudo regresar a visitar su tierra natal. En sus últimos días dejó de hablar en castellano y sólo se expresaba en croata. Lamentablemente no pude disfrutar con mi abuelo como hubiese querido, yo tenía tan sólo 4 años cuando murió. Poco a poco, fui entendiendo que mi familia era inmigrante.  El año 2003 obtuve la nacionalidad croata, sin saber una palabra del idioma croata, poco de su política y casi nada de su folklore. He estado una sola vez en Croacia, suficiente para enamorarme de ella. Viajé con mi padre y mi hermano, conocí la casa donde nació mi abuelo, recorrimos entero Brač, nos bañamos en Bol, vi el atardecer en el Adriático e incluso compartimos con algunos Obilinović que sabían la historia de los Fertilio. 

Al regresar a Chile, Bárbara empezó a informarme más sobre Croacia, un hermoso y cautivante lugar del mundo: - A pesar de su pequeño tamaño, tierra poco fértil y escasa población, producía gente que era reconocida en lo intelectual, lo político y lo deportivo. Ya me sentía croata y orgullosa de mis ancestros. Ya más madura, con dos hijos y desarrollada profesionalmente como docente universitario y médico veterinario, el año 2013 el destino me llevó a conocer la Corporación Cultural Domovina, institución que se fundó el año 2007. En sus estatutos, describe como finalidad primordial transmitir, difundir, preservar, comunicar y enseñar las costumbres croatas a nivel nacional e internacional.

"Domovina" (Foto: archivo personal)

- Tímidamente entré a voces de su conjunto folklórico Baština, pero al no conocer el idioma, decidí probar en el baile del mismo conjunto, al cual pertenezco hasta hoy en día. Al poco tiempo, sentí que había encontrado mi segunda familia, he aprendido bastante de Croacia, de su gente, su cultura y de la gran colectividad que somos en Chile y América Latina - destaca Bárbara. 

La corporación chileno croata la hizo sentir que Croacia es parte de su identidad: - Tanto así que, desde el año 2018 soy la presidenta del directorio de esta institución. En los diferentes escenarios que los que nos hemos presentados, como en Punta Arenas, La Serena, Buenos Aires, Montevideo, entre otros, el vestir croata y cantar y bailar es transportarse a otra época, de un país que deja de ser lejano y hace que corran por las venas la sangre de mis antepasados.

Foto: archivo personal

- Las reuniones familiares “Fertiliatas”, la Corporación Domovina, las actuales clases de idioma croata y con todos los descendientes que he conocido, han enriquecido mi ser croata y no han hecho otra cosa que hacerme entender que el mundo es uno solo, donde no hay fronteras y las raíces son lo que alimentan el árbol de la vida, para que con sus frutos seamos útiles a toda la humanidad. Hace pocos años, recibí un cuaderno escrito el año 1950 por mi bisabuelo a sus 80 años, llamado “Recuerdos de mi lugar natal Nerežišće en la isla de Brač”, en el que relata la vida de la segunda mitad del siglo XIX en la isla, haciendo referencia a muchas familias del lugar. Está escrito en croata y existe la traducción en español - concluye Bárbara Fertilio Galecio, chilena de raíces croatas, presidente de la Corporación Cultural Chileno Croata Domovina.