Marija Vlašić (Foto: screenshot/Oradian) Marija Vlašić (Foto: screenshot/Oradian)

Grande fue nuestra sorpresa al comprobar que podíamos comunicarnos con ellos en croata. Lo hablaban muy bien, y su hija en edad preescolar, aun mejor. Casi diría que lo hacía con total naturalidad y una pronunciación nativa al hablar con nosotros. Ambos trabajan en Zagreb. Una familia adaptada al medio en el que vive y trabaja, incluida en la sociedad, y que ha dejado atrás tan penoso pasado.

Así como ellos, hay muchas personas más que luchan día a día para labrarse un futuro en nuestro país y que lo han adoptado como suyo. Pero, ¿quién o quiénes están detrás de estas historias con final feliz?

(Foto: Zeljko Lukunic/PIXSELL)

Al servicio de los migrantes

El Servicio Jesuita a Migrantes trabaja, junto con voluntarios, para asegurar protección a los migrantes y la posibilidad de integrarse socialmente. Se trata de una organización internacional fundada por la orden jesuita, fundada en 1980 por el padre Pedro Arrupe, quien en aquel entonces era el director general de la Compañía de Jesús y había invitado a los jesuitas a aliviar la situación trágica durante la crisis migrante en Asia.

Aquí, en nuestro país, encabeza este Servicio el sacerdote jesuita Tvrtko Barun. Y son muchos los jóvenes que se acercan a brindar parte de su tiempo libre a ayudar en las tareas necesarias para el buen funcionamiento del mismo. Una de ellos es Marija Vlašić, y fue quien enseñó el idioma croata a la familia del comienzo de este blog.

Dificultades sin renuncia

Marija vio en Facebook un post del Servicio Jesuita de Migrantes, y de inmediato supo que era allí donde pasaría varias horas de su tiempo libre. Sin embargo, después de sus visitas y su participación en las reuniones con los solicitantes de asilo en el Hotel Porin, se encontró con una dificultad. “En el par de visitas que había hecho al Hotel Porin me di cuenta de que no soy la persona ideal para trabajar en el lugar de recepción de los asilados. Pude comprobar que me afectaban profundamente esas terribles historias (…)”, dice Marija quien, lejos de renunciar a lo que se había propuesto, reencauzó su propuesta de voluntariado ofreciéndose a trabajar dedicando su tiempo a una determinada familia. Una familia siria, de origen armenio, llegada de Alepo, que había obtenido asilo en nuestro país.

Sus tareas iban desde enseñarles el idioma croata hasta asistir con el llenado de formularios, solicitudes de empleo, trámites… Su dedicación se transformó más tarde en amistad. “Siempre nos recibían en su hogar, nos preparaban algo dulce, café o alguna comida si nos teníamos que quedar varias horas”, destaca Marija y recuerda cuando la invitaron, junto con otros asilantes, a celebrar el cumpleaños de su hija. “Estuvimos allí un tiempo largo – sirios, un iraní y croatas. Me sentí parte de una gran familia multicultural. A pesar de algunas trabas con el idioma, fue lindísimo”, cuenta.

Marija nació en los Estados Unidos, y a los 12 años de edad se mudó, junto con toda su familia, a Croacia. Tal vez por eso tenga afinidad con aquellos que deben pasar un proceso de adaptación para poder integrarse en un nuevo medio. Su experiencia es positiva: “Personalmente, puedo decir que he conocido a asilados que, con agradecimiento, a todo pulmón y con un corazón abierto, han aceptado a nuestro país que les ha dado techo, seguridad política y estabilidad después de todas las dificultades vividas. Soy testigo de lo pronto que han aprendido nuestro idioma, han aceptado nuestras costumbres, nuestras reglas de conducta, y han aprendido a amar nuestra cultura. Son personas que demuestran agradecimiento y se esfuerzan en hacer un aporte al país al que han llegado”.

La experiencia de Marija con los migrantes tal vez nos sirva de ejemplo para hacer nuestro pequeño aporte desde el lugar desde el que nos sentimos más útiles, e ir formando entre todos una sociedad solidaria y sensible hacia aquellos que deseen integrarla.