Foto: Slavko Midzor/PIXSELL Foto: Slavko Midzor/PIXSELL

Una llamada a Buenos Aires

Estaba pasando las fiestas en Buenos Aires con mi familia, cuando recibí la propuesta de escribir un blog. Sin saberlo, cayó en el momento indicado, ya que los viajes al lugar en el que nací, a pesar de no son tan frecuentes como quisiera, siempre están llenos de recuerdos y emociones, esta vez acentuados por las fiestas.

Coincidió, además, con una charla casual que había tenido un par de días antes con el padre Jozo Peranić, quien había contado algunas anécdotas que me hicieron recordar una situación de algunos años atrás que después inspiró el texto sobre el “Padre Coraje”, el primero de esta serie. En ese momento pensé que era una pena que todo esto no estuviera escrito, y viendo, en el marco de mi visita, cuánta gente conocía que había tenido un rol importante en la vida de los demás, me pareció que valía la pena contar sus historias.

Quienes te inspiran

A medida que iban apareciendo los diferentes personajes del blog, también aparecían aquellos que generosamente me daban ideas, enviaban fotos, datos sobre personajes que se destacaban por su trabajo comunitario, su entrega, su compromiso.

Hubo también respuestas cálidas, humildes, por parte de aquellos sobre los que se ha escrito. Desde un lindo comentario en las redes sociales, hasta gratas sorpresas como lo fue un llamado telefónico de una persona cuyo texto relataba una historia que vale la pena escuchar, y que tuve la posibilidad de citar en el blog “Jelica, la del medio”.

Unos personajes van abriendo camino a otros, y de pronto se van descubriendo cientos de gestos que hacen que la gente sea especial, por estar en un lugar en un momento clave, o por acompañar con su conducta generosa durante un tiempo prolongado a aquel que lo necesita. Y todos ellos, los que aparecen en este blog, tienen, además, algo en común: su amor por la patria o por la patria de sus padres, por su gente.

Foto: Damir Spehar/PIXSELL

Queda mucho por contar…

Muchos son los héroes anónimos cuyas historias vale la pena contar. Ya sea que estén o ya no entre nosotros. Cada uno, a su manera, ha dejado huella en alguien. Agradezco en particular a aquellos que han abierto el espacio para que estos héroes dejen de ser anónimos de alguna manera, y lo invito, estimado lector, a seguir aprendiendo de lo bueno que pueda aportar cada persona, aparezca o no en las siguientes columnas. Quizás nos sirva de inspiración para contagiarnos y darnos valor para que nosotros también podamos formar parte de la familia de los héroes cotidianos.