Tribalj, valle de Vinodol  (Foto: Borna Filic/PIXSELL) Tribalj, valle de Vinodol (Foto: Borna Filic/PIXSELL)

El buen espíritu de Tribalj

Leyendo un portal de internet, me llamó la atención un artículo de un diario local, escrito en el dialecto más puro de los alrededores de Crikvenica, cuyo titular decía: "Murió la tía Jelica, la del medio". Acompañaban el artículo varias fotos de Tribalj, no así de Jelica, ni de su familia…

Jelica murió recientemente, a los 95 años de edad. El autor del texto, Žarko Gašparović Markun, cuenta que Jelica recibía a diario la visita de Drago, que venía desde Rijeka a encargarse de la anciana, y quien ella crió como a un hijo durante treinta años, y él "con su ejemplo, demostró que la bondad debe pagarse con bondad, y las buenas obras no deben ser olvidadas", agregando que fue mejor que un hijo para ella, y cada uno de nosotros desearía un hijo así.

El autor relata la vida de esta mujer con palabras tiernas. Era una persona conocida en el pueblo: el buen espíritu de Tribalj, le decían. Tenía siempre, para cada uno, una palabra de aliento, de consuelo, y comprendía el sufrimiento humano. Jelica se ocupaba de la iglesia, de que no faltara nada, que todo estuviera en orden.

Todos conocemos a una Jelica

¿No es así? Todos conocemos a alguien con las características de Jelica. Quién no se ha cruzado con aquella persona que trabaja incansablemente para que cada cosa esté en su lugar, que la vida le ha dado la experiencia suficiente para organizar, contener, derivar, alentar, que trabaja en silencio y con constancia, sabe escuchar, consuela, aconseja. Sin quejas. Sin egoísmos.

Si al lector de estas líneas le viene a la memoria alguien con estas características, vaya un homenaje a cada una de ellas, junto con Jelica, nuestra protagonista de hoy.

Hogares sin familia

Cuenta el sr. Gašparović, al finalizar su texto, que lo más difícil es ver que se ha apagado un hogar más en Tribalj, junto con las casas vecinas ya vacías, las tres, de las tres Marías. Y que se une a los que se van apagando, dejando al pueblo sin habitantes…

Una triste realidad que afecta a Tribalj, y a cada pueblo del interior del país. Y que será difícil de revertir. Salvo que encontremos inspiración en el “buen espíritu de Tribalj” y comencemos a trabajar, desde nuestro lugar, reconstruyendo parte por parte el futuro de nuestro país.