Tranvías en Zagreb (Foto: Sanjin Strukic / PIXSELL) Tranvías en Zagreb (Foto: Sanjin Strukic / PIXSELL)

Solo el año pasado, la compañía registró 2800 incidentes que demostraron falta de respeto, lo que equivale a un promedio de siete incidentes por día.

Las cámaras nos miran

La encuesta más reciente de De Ljin demostró que, tanto a pasajeros como a conductores, les molestan las mismas cosas: gente que no se mueve al final del bus o del tranvía, personas que no le dan el asiento a alguien que lo necesita más, el ruido excesivo, y la basura que algunos dejan tras de sí.

¿Suena familiar? Si bien no he encontrado estadísticas de este estilo en Croacia, sí existen las cámaras de vigilancia de la empresa croata de tranvías ZET, que en 2017 registró incidentes como accidentes de tránsito, peleas entre pasajeros y conductores o inspectores, personas que molestan a menores de edad, violencia verbal y física, destrucción del interior del tranvía. 

Las cámaras también registran los aspectos positivos del viaje en transporte público, y las reacciones de conductores y pasajeros que demuestran que hoy en día hay personas que saben reaccionar ante un hecho injusto, equivocado o violento.

Del conductor al pasajero

En el perfil de Facebook del grupo „Zakaj volim Zagreb“, apareció recientemente esta noticia: „El conductor del tranvía recibe un gesto poco común por parte de un pasajero“. En el post, un conductor relata que, conduciendo uno de los tranvías viejos, que no tienen aire acondicionado, y con una temperatura exterior de casi 36 grados, un pasajero, viendo que ya no tenía agua, pero que faltaba bastante para terminar el recorrido, le ofreció una gaseosa fría, que éste aceptó de buena gana. Un gesto sencillo, pero en el momento indicado. Que fue agradecido personalmente, y destacado después en las redes sociales.

Del pasajero al conductor

En la misma página, unos días antes, una mujer cuenta que bajó con su hijo del tranvía para ayudar a una joven ciega a cruzar la calle y hacer la conexión con otro tranvía. El conductor esperó a que la mujer con su hijo volviera al tranvía para seguir el recorrido, sin tener que esperar el siguiente tren. „De no haberlo hecho usted, yo habría acompañado a la joven“, dijo el conductor, agradecido.

¿De conductor a educador?

Esta historia también es reciente. Un joven en silla de ruedas esperaba en la parada del tranvía. Al llegar, la gente se agolpó entrando a buscar un lugar entre los asientos, dejando al joven último, y sin ayuda. El conductor hizo bajar a todos los pasajeros. Los retó como si fueran niños, y les preguntó cómo esperaban de sus hijos que fueran educados, si ellos mismos se comportaban así, dejando de lado al minusválido. Bajó entonces la rampa, ayudó al joven a subir y, una vez instalado, dejó subir al resto de los pasajeros.

¿Necesitaremos nosotros una campaña?

A diario, hay muchas historias como estas. A diferencia de otras ciudades del mundo, donde impera la indiferencia ante conflictos de menor o mayor seriedad que ocurren en los medios de transporte, en Croacia hay personas que saben reaccionar a tiempo. Y que se transforman en los héroes del día, que tal vez hayan entrado al tranvía… con una sonrisa.