Bizanija Kolesar (Foto: Goran Ferbezar/PIXSELL) Bizanija Kolesar (Foto: Goran Ferbezar/PIXSELL)

Tiempos difíciles

En estos días en que recordamos la caída de Vukovar y los horrores de la Guerra, somos testigos de las marcas imborrables que dejaron estos hechos en los sobrevivientes de tan terribles ataques. La mayoría de las familias que actualmente viven en Vukovar tiene algún miembro, o varios, que ha muerto o desaparecido.  Entre estos sobrevivientes hay personas que se hicieron conocidas por su gran valor. Pero también los hay desconocidos que, durante estos terribles tiempos, expresaron al máximo su vocación de servicio.

Uno de los lugares que trabajó ininterrumpidamente durante estos tiempos, fue el hospital de Vukovar, dirigido por la legandaria dra. Vesna Bosanac. Durante días y noches durante las que la ciudad se encontró bajo el constante ataque de granadas, Binazija Kolesar, una de las 130 enfermeras que decidieron quedarse en su puesto de trabajo, después de la caída de Vukovar pasó por el campo de concentración en Sremska Mitrovica, y después de la reintegración pacífica, volvió a su ciudad.

Durante la guerra, Binazija Kolesar se desempeñó como jefa de enfermeras en el Hospital de Guerra de Vukovar. “Era difícil organizar el trabajo, porque no se sabía quién iba a poder venir a cumplir con su turno, quién lograría llegar hasta el hospital y atravesar la ciudad mientras había disparos. A la mañana, cuando veíamos quién había llegado, recién entonces podíamos decidir quién podría descansar, y quién debía continuar con su trabajo”.

Debido a la extremadamente difícil situación, la directora del Hospital decidió que nadie se iría a su casa. Todo el personal, junto con sus familias, fue ubicado en los sótanos. La enfermera Kolesar organizó turnos de 24 horas de trabajo, y 24 horas libres. Como no había adónde ir, muchos descansaban algunas horas, para volver a trabajar y recibir a los heridos.

Años después, en 2013, Kolesar recibió la mayor condecoración de la Cruz Roja Internacional: la medalla Florence Nightingale, por su valor y entrega en la ayuda a las víctimas de un enfrentamiento armado, el respeto por la Convención de Ginebra sobre la protección de los heridos, y su aporte en el campo de la salud pública.

Muestra permanente en los subsuelos del hospital de Vukovar (Foto: Grgur Zucko/PIXSELL)

Logística

Las cocineras, en un espacio improvisado en el subsuelo, contaban con dos cocinas económicas, en las que preparaban la comida para los pacientes, en su mayoría guisos. Lo que sobraba, era para el personal del Hospital.

Toda la logística debía seguir funcionando: la alimentación, la lavandería, la sala de máquinas, el servicio técnico, los proveedores, el parque de vehículos. Allí trabajaban 43 personas civiles, arriesgando su vida a diario, ya que la mayoría de los trabajos debían hacerse fuera del edificio del Hospital.

Los que se quedaron

A la caída de Vukovar le siguió el traslado de los heridos, - aquellos seleccionados en el hospital por quienes asistieron con esta tarea al Ejército Yugoeslavo – llevándolos a Ovčara y a otros lugares donde la mayoría de ellos perdieron la vida de una manera cruel y despiadada. Los sobrevivientes pudieron volver a sus hogares después de la reintegración pacífica, y levantaron lo que había quedado de la ciudad, de sus hogares, de su vida. En una ciudad que hoy en día sigue intentando levantarse, y cuyas heridas aún tardan en cicatrizar.