Hospital de Niños, Zagreb. (Foto: Sanjin Strukic/PIXSELL) Hospital de Niños, Zagreb. (Foto: Sanjin Strukic/PIXSELL)

Salvo que pidamos por una habitación privada. De las que hay pocas. Y en general las reservan para niños pequeños y sus padres, con alguna internación planificada con antelación. Por ende, los pacientes comparten habitación con otros tres niños. Cada uno de ellos atraviesa diferentes diagnósticos, cada uno enfrenta su problema de salud de diferente manera, cada uno cuenta, o no, con el apoyo diario de sus familiares.

Durante nuestras breves estadías en el hospital, en reiteradas ocasiones nos encontramos con niños que pasan solos allí la mayor parte de su tiempo, ya que vienen de hogares que comparten con tutores y con otros niños que se encuentran bajo asistencia social. Y son las enfermeras quienes les brindan esa contención tan necesaria, que es fundamental para su recuperación.

Profesión y vocación

A nuestra llegada al sector, a primeras horas de la noche, una enfermera joven, con sus comentarios y simpatía, infundió de inmediato confianza y calidez. La seguía a cada paso una niña de no más de tres años, inquieta y curiosa, que colaboraba insistentemente con la enfermera y ésta, lejos de dejarse molestar, con habilidad la hacía participar de varias tareas sencillas, dentro de sus posibilidades.

La calidez y la contención del ambiente no se fue con el turno de aquella enfermera. Le siguieron turnos de muchas otras, con una actitud similar, con más o menos experiencia, abiertas a cualquier explicación que requerían los pacientes pequeños. Esta actitud no se limitó a las enfermeras, se extendió a médicos, que en otras épocas se limitaban a dar un informe seco y frío, y que ahora se hacen de tiempo para dar las indicaciones y explicaciones necesarias, tanto a padres como a hijos.

Enfermera del Hospital de Niños, Zagreb. (Foto: Marko Lukunic/PIXSELL)

Cabe agregar que, durante los días de permanencia en el hospital, mi hijo tuvo clases de matemática, química, lengua y religión, con profesores de la escuela que funciona en el marco del hospital. Participó de una charla sobre perros lazarillos, fue invitado a un breve curso de robótica en el aula del sector. Una sala de jardín de infantes, siempre concurrida, recibe a aquellos pacientes que se acercan a pasar unos momentos más distendidos en el marco de su internación.

Comprobar que la actitud y el profesionalismo del personal ha evolucionado a través del tiempo genera una sensación de mayor seguridad por parte de pacientes y familiares, de sensación de que el niño está en buenas manos. Pero debo resaltar un detalle fundamental, y es la diferencia de la forma en que se hacen las cosas cuando hay vocación. Cuando se elige un oficio o profesión por el amor al servicio al otro. El beneficio de la vocación correcta se refleja en todo y en todos. Cuando uno quiere lo que hace, lo puede transmitir en cada actitud, en el cumplimiento de cada tarea, y brinda un granito de arena a la armonía del lugar de trabajo.

Un hospital a la medida del paciente

Una de las enfermeras con más antigüedad en el sector expresaba que, si bien el aspecto físico del lugar de trabajo había cambiado para mejor, también, a través del tiempo, se notaba un cambio en los padres. Un aumento de la ansiedad, solicitud de información más detallada, exigencia en la rapidez de los resultados, que no siempre son temas sencillos de manejar.

En este caso, me permito expresar admiración por las enfermeras en particular. No es un trabajo sencillo. Ver sufrir a un niño es sumamente difícil, pero ofrecer día a día una actitud positiva para atenderlo y contenerlo y, a su vez, aliviar la angustia de sus padres, merece una gran dosis de respeto y de confianza en aquellos en cuyas manos dejamos a nuestros hijos.