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Comienzos en su Rosario natal

Tomás Carlovich nació en Rosario, provincia de Santa Fe, el 20 de abril de 1949, en el seno de una familia numerosa. Mario, su padre, era plomero, y su madre, Elvira, ama de casa. Es el menor de siete hermanos.

En la austeridad de su infancia, compartía tardes de potrero con sus amigos del barrio, jugando al fútbol. Si no tenía zapatillas, peloteaba descalzo. E indudablemente, tenía un don para la pelota.

Con el tiempo, sus entrenadores empezaron a darse cuenta de sus habilidades que lo hacían destacarse de los demás, y fue captado por Rosario Central, que lo hizo debutar en 1969, en un amistoso contra el equipo uruguayo Peñarol. Un año después, ya jugaba para Central Córdoba y, unos años más tarde, pasó a jugar para Independiente Rivadavia, de Mendoza.

Tomás Felipe Carlovich (Foto: screenshot/wikipedia)

El futbolista antisistema

Carlovich tenía una imagen de futbolista hippie, un personaje en contra del sistema. En Mendoza lo apodaron “el Gitano”, para luego pasar a ser “el rey”, después de una victoria de 5 a 1 en un clásico de la provincia.

En contraposición a sus habilidades, el Trinche era un amante del fútbol pero no del profesional. No tenía paciencia para los entrenamientos. Y su falta de compromiso lo hizo enfrentarse con sus entrenadores, con sus clubes y con sus fans. Cuenta la leyenda que, como extrañaba mucho a su Rosario natal, una vez se hizo expulsar en un primer tiempo de un partido para llegar a tomar el autobús que iba para Rosario…

En un documental hecho por la televisión española, él mismo cuenta que, durante un partido con el Central Córdoba, lo echaron de la cancha por un roce con otro jugador. Como el público se oponía a la decisión del árbitro y gritaba sin cesar, el árbitro lo llamó para que volviera al partido…

¿Qué significa “llegar”?

Este hombre, que rechazó la convocación para formar parte de la Selección Argentina de Fútbol para el mundial 78, se pregunta “¿qué es llegar? La verdad es que yo no tuve otra ambición más que la de jugar al fútbol. Y, sobre todo, de no alejarme mucho de mi barrio, de la casa de mis viejos, de estar con el Vasco Artola, uno de mis mejores amigos (…) “

La realidad es que el Trinche no dejaba a nadie indiferente. Para algunos es un antihéroe, un hombre que conscientemente perdió toda oportunidad de tener una carrera brillante en el fútbol. Para otros, sin embargo, es un hombre que pudo entender que el fútbol es un juego, que una oportunidad para reunirse con amigos es más importante que el dinero. Es indudable que el Trinche es un personaje. Y a su manera, buscó ser feliz y quiso compartir esa felicidad con los demás.