El padre Vjeko Ćurić, en Rwanda (Foto: www.vjeko-rwanda.info) El padre Vjeko Ćurić, en Rwanda (Foto: www.vjeko-rwanda.info)

Un viaje de ida

Once años antes había llegado al país africano el sacerdote franciscano croata Vjeko Ćurić. Allí abrió un convento, en el pueblo de Kivumu, para dedicarse a los más necesitados. Aprendió el idioma del lugar, el Kinyarwanda, y motivaba a la gente a conseguir trabajo. Organizó asociaciones según sus oficios y les ayudó a abrir pequeños comercios.

Cuando la falta de alimentos se hizo extrema, no dudó en hacer viajes al país vecino, Burundi, para traer alimentos para la gente que vivía en campos de refugiados, y que eran meta del enemigo. La iglesia, la escuela, el dispensario, también eran zona de refugio para muchas familias.

Además de construir una iglesia, en Kivumu fundó un complejo con una oficina parroquial, una gran sala, una sala de primeros auxilios, y un convento para religiosas, con un noviciado. Su sueño era construir una escuela…

Su tarea no se limitó a ello. Con su Mercedes Benz, donado por la organización Catholic Relief Services, no solo transportó a miembros de dicha organización por todo el país, sino que también acompañó al cardenal Roger Etchegaray, presidente del Consejo Papal de Justicia y Paz en Roma, enviado del Papa, para intentar detener la masacre que se estaba llevando a cabo. Muchas veces supo esconder a personas en su vehículo para sacarlos del país. Fue el único blanco que permaneció en Ruanda durante la masacre, y salvó la vida de miles de personas, arriesgando la suya propia.

Muchos refugiados sobrevivieron gracias a que este hombre los proveía de alimento, agua, madera, y todo lo básicamente necesario. Visitaba casa por casa, y a los heridos los transportaba hasta el hospital de Kabgayi.

Aquellos que lo conocieron, dicen que sus parroquianos lo querían mucho, y el hecho de haberse quedado con ellos, incluso cuando comenzó la masacre, hizo que quedaran eternamente agradecidos para con él. El padre Vjeko promovía la paz y la unidad, y no dejaba de condenar la violencia. Y por ello lo amenazaron de muerte reiteradas veces. En sus sermones constantemente pedía a la gente que no participara en actos violentos.

Homenaje a un valiente

El fraile Vjeko fue asesinado en 1998 en Kigala. Sus restos descansan en la iglesia parroquial que él mismo construyó. En su homenaje, en Kivumu se construyó un centro educativo de jóvenes llamado Padre Vjeko, en el que se ofrecen cursos de carpintería, construcción y costura. Actualmente, el fraile Ivica Perić, de BiH, dirige la parroquia y el centro educativo, continuando con la obra del que dieron en llamar “el Schindler de África”.

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