Monumento a los caídos en Bleiburg  (Foto: EXPA/PIXSELL) Monumento a los caídos en Bleiburg (Foto: EXPA/PIXSELL)

Crueldad sin límites

Este fue mi primer encuentro con la trágica historia de Bleiburg. Un pueblo austriaco cercano a la frontera con Eslovenia, que fue testigo de hechos terribles y traiciones sin precedentes. A partir de la historia del “hombre sin sonrisa”, fui cada vez más consciente de la cantidad de personas que conocía que habían sido desterrados, refugiados, torturados, que tenían historias que guardaban en su interior y que compartían solo en contadas ocasiones.

Los testimonios de aquellos que sobrevivieron la tragedia de Bleiburg y la “marcha de la muerte” coinciden en que había familias enteras que debieron abandonar sus hogares con la esperanza de ser recibidos en el mundo libre, para luego de fracasadas las negociaciones y ser traicionados y entregados a manos de sus enemigos, volver cientos de kilómetros a pie, sin agua ni comida, sufriendo terribles humillaciones, y siendo testigos del asesinato de compañeros, amigos y familiares que ya no tenían fuerzas para seguir adelante.

La revista Studia Croatica reúne en sus páginas numerosos testimonios, algunos pocos anónimos, muchos otros con nombre y apellido, reunidos por el dr. Milan Blažeković y el dr. Francisco Nevistić, de los sobrevivientes que más tarde se exiliaron en Alemania, Argentina, Australia… Muchos de ellos relatan la crueldad con que fueron tratados: “…El terror, en lugar de ceder, arreció al día siguiente. Era caluroso y el sol, fuerte. Nadie podía tomar agua. La gente se desplomaba de sed, fatiga, hambre y agotamiento total. Quienes no pudieron proseguir, fueron rematados. (…) Cerca de cada arroyo o charco de agua, se apilaban cadáveres (…)” – así lo relata uno de ellos, coincidiendo con los testimonios de muchos otros.

Generosidad con el prójimo

Los relatos son dolorosos. La crueldad que caracteriza a cada uno de ellos es difícil de escuchar, de leer. Recuerdo vívidamente el testimonio de una mujer, que tenía unos seis años al momento de la retirada hacia el pueblo austríaco. Ella y su familia salvaron su vida lanzándose desde el tren poco antes de llegar a Bleiburg, sospechando qué es lo que ocurriría más adelante. Para poder conseguir alimento y agua, ella y su hermano, de apenas dos años y medio, cada día cruzaban un bosque para llegar hasta la casa de una buena mujer que les daba de comer. El bosque le daba terror, pero la responsabilidad por cuidar a su hermano y la necesidad de sobrevivir, le daban el valor que necesitaba.

Uno de los testigos relata la llegada de la “marcha de la muerte” a Vinkovci, destacando a mucha gente que se acercaba a ellos a darles comida y ropa: “…Lloraban todos, viejos y jóvenes, llamando a los suyos y repartiendo comida a todos los prisioneros. (…) Los demás prisioneros, que no conocían a nadie, se iban al portón y los ciudadanos de Vinkovci les entregaban víveres sin hacer distinción alguna”.

¿Puedes recuperarte después de lo vivido?

Aquellos que debieron dejar su patria por la fuerza llevan consigo una llaga difícil de cicatrizar. Las enormes dificultades que atravesaron son inimaginables para las generaciones actuales, sin embargo, con gran fuerza de voluntad, y con un gran espíritu de comunidad, muchos lograron salir adelante, labrándose un futuro en su país adoptivo, saliendo adelante en trabajos que no eran los que habían imaginado o que habían desempeñado en su patria. Sin embargo, fueron capaces de educar a sus hijos y transmitirles el amor por la patria, y manteniendo en su corazón la idea de regresar algún día y abrazar la tierra que los vio nacer.

Para ampliar la información sobre los testimonios de Bleiburg mencionados en la nota, www.studiacroatica.org