Hna. Lukrecija Mamić (Foto: Glas Koncila) Hna. Lukrecija Mamić (Foto: Glas Koncila)

Llamado a las misiones

La hermana Lucrecia Mamić, miembro de la orden de las Hermanas Siervas de la Caridad, fue asesinada en Burundi, un domingo de noviembre de 2011. Los culpables, dos jóvenes de 20 y 24 años de edad, que habían entrado a robar al convento en Kiremba. “¿Qué más quieren? Ya les hemos dado todo” – dijo Lucrecia. Un instante después, les entregó la vida. Tenía  63 años. Durante este hecho, fue herida de gravedad otra hermana del convento, y fue asesinado un voluntario de la misión.

Lucrecia estaba a cargo del hospital episcopal de Burundi, y del centro de desnutrición y enfermos de sida. Se dedicaba a enseñar a alimentar a los niños y mantener la higiene familiar, recorría los hogares de los más pobres y visitaba las escuelas de la zona. También les enseñaba a coser, dándoles una herramienta de trabajo. 

Una de sus hermanas, Kazimira, contaba: “Siempre estaba de viaje, siempre caminaba por aquellos pueblos, por la selva, amaba con fuerza lo que hacía. Yo le había dicho que ya era tiempo, que ya tenía sus años, que volviera, pero ella me dijo que tenía mucho trabajo, que había mucha gente necesitada, y que no pensaba todavía en volver”.

Antes de su llegada a Burundi, Lucrecia había misionado en Ecuador, adonde había llegado en 1984 junto con otras dos religiosas, respondiendo al llamado del monseñor Mario Ruiz. Trabajaron duramente en Latacunga y en Paloquemado, cuidando a los enfermos más graves y evangelizando a la población.

Durante el tiempo que pasó en África, la hermana Lucrecia trató de hacer conocer la realidad de Burundi. En una de sus cartas describía que, a pesar del gran deseo de educarse, los niños y jóvenes deben hacer un gran esfuerzo para poder lograrlo si realmente lo desean, trabajando durante la época de vacaciones. También menciona la falta de libros, la falta de electricidad en los hogares, el trabajo de las mujeres en el campo, con sus hijos pequeños a cuestas. La falta de alimentos, que reduce a las familias a una comida diaria… Y a pesar de todas las dificultades, describe a los burundeses como gente feliz, con tiempo para alabar a Dios a través de la danza, el canto y la oración, especialmente los domingos.

Por una vida mejor

La hermana Lucrecia Mamić nació en Tomislavgrad, BiH, en el seno de una familia numerosa. Tenía ocho hermanos, uno de los cuales es sacerdote y trabajó hasta su jubilación con los emigrantes croatas en Bélgica. Lucrecia estudió en Croacia, se recibió de enfermera y terminó los estudios en el Instituto Jesuita de Teología en Zagreb. Pronunció sus votos permanentes en 1976, en Split, y trabajó en numerosas comunidades en el país, hasta su partida a Ecuador y luego a Burundi.

Trabajar en condiciones tan precarias y con tantas necesidades, y hacerlo con sincera alegría, no tiene otra explicación que un profundísimo amor al prójimo. En un mundo, en nuestro mundo, que lleva a destacar cada vez más el individualismo, tal vez la vida y la obra de la hermana Lucrecia nos permita reflexionar sobre nuestro propio rol en la sociedad, y nos inspire a ser protagonistas de una sociedad más generosa, más entregada, en nuestro propio medio, para beneficio de todos.