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Juan Benigar, el cacique blanco

Desde muy joven, Juan Benigar mostró interés por temas antropológicos, sociológicos y filosóficos. Paralelamente a su carrera de Ingeniero Civil en Praga, Benigar estudiaba otros temas que eran de su interés. Había despertado en él gran preocupación una publicación sobre la posible desaparición total de los indígenas en Sudamérica a causa de las enfermedades provocadas por el modo de vida de los blancos.

Decidió entonces viajar hacia aquellos lugares, y en 1908 partió hacia Argentina. Vivió durante un año en Cipoletti, y de allí se trasladó hacia Colonia Catriel. Allí conoció a Eufemia Sheypukiñ Barraza, nieta (o sobrina nieta) del cacique Cipriano Catriel, con la que se casó y tuvo once hijos. Fue ella quien le enseñó el idioma araucano, que pronto aprendió a dominar. Seis años después del fallecimiento de doña Eufemia, se casó con Rosario Peña, también descendiente de araucanos, con la que tuvo cuatro hijos.

Ingeniero e investigador

Juan Benigar vivió quince años en la Colonia Catriel durante los que se dedicó a ayudar a sus habitantes. Entre otras cosas, a través de sus conocimientos de Hidráulica, ayudó a fertilizar la región que era sumamente inhóspita. Fue él quien trazó los primeros canales de riego de Catriel, y puso en marcha el proyecto en el que trabajó duramente él mismo. Este tipo de vida tuvo consecuencias en su salud, por lo que debió estar inactivo durante varios meses, durante los que se dedicó a escribir sobre los araucanos y su forma de vida, lo que le abrió las puertas a la Junta de Historia y Numismática Americana (hoy Academia Nacional de Historia).

Entre las obras ideadas y realizadas por él, en Poi Pucón, cerca de Aluminé, Benigar construyó un telar hidráulico y puso en marcha una industria textil en la que se fabricaban telas usando la técnica mapuche.

El tesoro de sus libretas

Más tarde, científicos argentinos estudiaron los escritos de Benigar sobre los pueblos indígenas. Según el estudio de Rodolfo Casamiquela en 1982 sobre el análisis de 376 libretas escritas por Benigar a lo largo de su vida, se confirma que se trató de se un hombre de gran capacidad intelectual y cultura. Además de haber dedicado muchos años al mejoramiento de la calidad de vida de los araucanos, Benigar hizo un aporte a la protección de su cultura e idioma, y a la descripción detallada de su forma de vida.  

Sus escritos fueron estudiados también por la licenciada en Letras Lidia N. Bruno, quien se sorprende por la diversidad de temas que abarcaba Benigar, pero todos ellos relacionados con el hábitat de la región en la que vivía, desde filosóficos y científicos, hasta históricos, políticos y educativos.

Consejos para sus hijos

Entre tantos escritos, dedicó algunos a sus hijos. Incluían apuntes tomados de diarios, publicaciones y libros que había ido coleccionando a través del tiempo y que pensó que podrían dejar alguna enseñanza para ellos, tal vez más que algún gran libro, dando a las pequeñas cosas el valor que se merecen. Y es aquí donde aconseja, a través de un dicho, o mejor aún, la traducción de un dicho, que con seguridad quedó de sus primeros años de niñez y juventud: “Grano a grano, torta, piedra a piedra, palacio”, que no es más que el dicho tan popular en Croacia “Zrno po zrno, pogača; kamen po kamen, palaća”.

La gran obra de este personaje lleno de humildad y entrega dejó huella en la región de Colonia Catriel y de la provincia de Neuquén, cuyo nombre llevan la Biblioteca Popular de Aluminé y la Escuela n° 58 de Ruka Choroy.