Padre Marijan (Foto: Croacias Totales) Padre Marijan (Foto: Croacias Totales)

Un antes y un después

Cuando Baldo Zlovečera terminó sus estudios secundarios en Pazin, entró al servicio militar obligatorio del Ejército Yugoeslavo. Al acercarse el final de los dos años de servicio, le pidieron que testifique en contra de sus profesores de la escuela secundaria, y acusarlos de que hablaban en contra del estado y la nación, para poder cerrar el seminario de Pazin. Tres veces le pidieron. Tres veces los rechazó.  Más tarde lo condenaron también por haberse negado a atestiguar en contra del Cardenal Stepinac. La consecuencia: cinco años de cárcel en Goli Otok.

En esta isla se encontraba la cárcel más dura de Yugoeslavia, destinada a presos políticos. Más de 400 personas perdieron aquí la vida, ya sea por fusilamiento, suicidio o muerte natural. Decían que pocos eran los que salían con vida, y si así ocurría, morían al poco tiempo en libertad, después de las reiteradas torturas y horrores sufridos durante el tiempo transcurrido en este lugar.

Después de cumplir sus cinco años de condena, Baldo, con 28 años de edad, y visiblemente deteriorado, entró en el seminario para cumplir con su sueño: ser franciscano y seguir las enseñanzas de San Francisco de Asís. Tomó el nombre de Marijan. Y fue a hacer pastoral a Argentina. En entrevista para un medio croata, padre Marijan dijo: "Después de salir de Goli Otok, necesité mucho tiempo para volver en sí. Recién después de siete años pude decir que me había recuperado. Fue en Argentina. Donde ya no veía ni la estrella roja, ni al policía yugoeslavo, ni nada".

El padre Marijan recordaba sus días en Goli Otok sin odio, sin rencor. Lo asumió como algo que Dios le había enviado para reforzar su vocación.

A lo largo de los años que vivió en Buenos Aires, de su interior fueron aflorando dones increíbles: padre Marijan era increíblemente dotado para la pintura, la escultura. El Centro Católico Croata San Nicolás Tavelić da testimonio de las maravillosas obras artísticas que fuimos viendo nacer, y para las que siempre había un significado, una explicación. El arte no era el único don de este gran hombre: la inspiración de sus sermones dominicales dejaban huella en todos los fieles. Y no olvidemos la música: dotado de una excelente voz, y con gran habilidad para la música, creó un octeto de adultos, y un conjunto musical para jóvenes, que dirigió durante muchos años.

El valor del perdón

Después de un grave accidente que casi lo dejó sin una mano, comenzó a pasar más tiempo en la biblioteca del Centro, donde nos confió un día que había empezado a escribir sus memorias, del tiempo transcurrido en la cárcel. Las publicó primero en forma de capítulos, en la revista Danica, de Chicago, y bajo un seudónimo, por temor a que los frailes en la patria pudieran ser perseguidos por el contenido del libro.

En 2012, ya instalado desde hacia algún tiempo en Cavtat, luego de haber misionado también en Sudáfrica, el padre Marijan presentó su libro en el que describe no solo el campo de concentración sino las vivencias que quedaron marcadas en su memoria. Sin ninguna huella de odio. Durante la presentación, se leyó lo escrito por Andrija Vučemil, quien había compartido un tiempo con padre Marijan en Goli Otok: "Su fe y compromiso fueron un signo, en el tiempo y el espacio, de que hay esperanza, que no se debe dudar en los ideales propios, y si permaneces firme, ganarás, incluso en un tiempo y un espacio como aquel, que no parecía posible. Baldo fue la luz que ningún mal pudo apagar".

El primero y último pensamiento del día

Durante una entrevista, le preguntaron cuál era su primer y su último pensamiento del día. El padre Marijan contó que, durante un Día del Estado Croata, estaba sentado frente al mar. Todo era paz, un verdadero paraíso en la Tierra. Pasó por allí un amigo y le preguntó qué hacía. Y él contestó: "Celebro lo que siempre soñé". Y el amigo contestó: "Y nunca soñaste que lo celebrarías". Ese era su primer y su último pensamiento del día: "Celebro lo que siempre soñé".