Mariana Cámpera, blog Vivo Croacia (Foto: Mariana Cámpera/Voz de Croacia) Mariana Cámpera, blog Vivo Croacia (Foto: Mariana Cámpera/Voz de Croacia)

Recuerdo aquella época de la vida y de inmediato deseo volver a los bancos escolares. Me gustaba ir al colegio y era buena alumna. Primero en el Instituto Fátima, en Villa Martelli, y después en el Instituto Florentino Ameghino, en Florida, ambos en Buenos Aires. En aquellos tiempos el sistema educativo en Argentina estaba dividido en 7 años de primaria y 5 de secundaria.

Jardín de infantes en el Instituto Fátima (Foto: Mariana Cámpera/Voz de Croacia)
En el jardín de infantes usábamos guardapolvo (Foto: Mariana Cámpera/Voz de Croacia)

A los seis años empecé la primaria. Nunca olvidaré la emoción de aquel primer día de clases. El nuevo uniforme me esperaba en el armario: camisa blanca, corbata verde, jumper gris, medias verdes y zapatos negros. Encima de todo esto llevaba un guardapolvo beige con el escudo escolar bordado. Ya hacía dos años que observaba a mi hermano vestir el uniforme e ir a la escuela de “los grandes” mientras yo usaba únicamente guardapolvo para el jardín de infantes. Quería ser “grande” y vestirme como él.

Uniforme de primaria en escuela semi-privada (Foto: Mariana Cámpera/Voz de Croacia)
Uniforme de primaria en escuela semi-privada (Foto: Mariana Cámpera/Voz de Croacia)

Antes en Argentina los uniformes escolares eran obligatorios. En líneas generales en las escuelas estatales se usaba solo guardapolvo, en las semi-privadas uniforme y guardapolvo y en las privadas únicamente uniforme. Hasta el quinto grado fui a una escuela semi-privada, y sexto y séptimo a una privada. El secundario también lo hice en una privada, lo que significa que pasé 14 años de mi vida en uniformes - incluyendo los dos años preescolares en guardapolvo. Todos los viernes después del colegio mamá se ocupaba de que hasta el lunes el uniforme esté como nuevo.

Debo admitir que me gustaba mucho usar uniforme. La imagen de cada mañana, cuando izábamos la bandera argentina en la escuela, era muy bonita: cientos de niños en posición de firmes, todos éramos iguales y podíamos diferenciarnos únicamente por las notas, y a través de las mismas podíamos tener el honor de izar la bandera.

Hoy en día, en Zagreb, cuando observo a los chicos que van a la escuela me da pena que no tengan uniforme escolar. Sobre todo cuando veo a las chicas que van a la secundaria. Algunas se arreglan como para un desfile de modas. Tengo la sensación de que pasaron horas y horas delante del espejo, con el fin de ser “populares” entre sus compañeros. Yo no tenía ese problema, todas las mañanas sabía como iba a vestirme.

Uniforme que usé en la escuela privada (Foto: Mariana Cámpera/Voz de Croacia)
Uniforme que usé en la escuela privada (Foto: Mariana Cámpera/Voz de Croacia)

Si bien hay muchos motivos a favor y en contra del uniforme escolar, en mi opinión prevalecen los que están a favor. La ropa se veía como nueva por más tiempo porque pasaba medio día en la escuela y en general me quedaba chica antes de que se arruinara. No teníamos la presión de los estereotipos o de las tendencias de la moda, de eso nos ocupábamos en nuestro tiempo libre. Desde chiquita desarrollé el sentimiento de pertenencia - pertenecía a mi escuela y me identificaba con ella. En aquel momento no lo tenía tan en claro, pero no había diferencias sociales entre mis compañeros, no había maltratos y peleas en base a lo que alguien tenía o no tenía, o por cómo estaba vestido.

A menudo charlo en el parque con el pequeño Ivan. Tiene tan solo 8 años, pero es muy inteligente. Es de una familia de gitanos, vive en una casita precaria en el barrio de Jarun y cada tanto se me queja que le falta esto o aquello. Aún más seguido me pregunta si tengo algo dulce. El otro día charlamos sobre la escuela. Me dijo que no tiene muchas ganas de volver a la escuela, aunque su maestra es re buena. Estoy convencida que a muchos chicos como Ivan les sería más fácil ir a la escuela en uniforme. Entonces no se preocuparían por la apariencia y disfrutarían de su niñez de una manera más digna.